l año comienza con un nuevo golpe a las economías de las clases sufridoras, que desde hace tiempo, soportan el peso mayor de una situación que, día a día, las empobrece, porque son quienes, con su nómina, su pensión o, en algunos casos, con los exiguos beneficios de un modesto negocio o una pequeña empresa, pagan la inmensa mayoría del IRPF.
Vale. La situación heredada es muy mala y es necesario sentar las bases de un crecimiento económico que permita reducir el déficit, y el paro que es el problema más grave que tiene nuestra economía. Pero ya está bien de empezar y acabar siempre por los mismos. No hay que ser Pitágoras para saber que casi todos los que tengan unos ingresos que tributen por IRPF, verán reducido su poder adquisitivo. También esto puede hacerse soportable, así lo demuestran las sensatas y resignadas declaraciones de la mayoría de los ciudadanos consultados, pero a cambio hay que exigir que el gobierno acompañe estas medidas, mejor hoy que mañana, de, por ejemplo, un plan eficaz de lucha contra el fraude, fiscal y del otro. Sí, del otro. Ese que encubre el cobro de prestaciones y subvenciones fraudulentas o el despilfarro de las administraciones en televisiones públicas, aeropuertos o cargos y excargos políticos duplicados y doblemente retribuidos. Basta ya de esperar reformas anunciadas pero retrasadas porque son complejas y de efectos a medio o largo plazo. Este pretexto viene a significar algo así como: lo que me afecta puede esperar...