Ferrol dos años después

Xosé Vázquez Gago
xosé V. Gago FERROL / LA VOZ

FERROL

Las impresiones sobre los cambios en la ciudad tras 24 meses de ausencia de Xosé Vázquez, presentador del programa de V Televisión «Xosé en Londres»

14 nov 2011 . Actualizado a las 13:11 h.

«Todo cambia, nada permanece» decía Heráclito de Éfeso cuando los griegos hacían filosofía en vez de impagos a la banca. Algunos lo negarán, pero nada es inmune a la teoría de Heráclito, ni Ferrol.

La carcoma avanza. En las casas de Ferrol Vello, en el Rena, en la Fábrica de Lápices, en el Bambú Club... Puede parecer que todos están igual, pero no es así. Sin proyectos para rehabilitarlos, los edificios que estaban abandonados y en ruinas hace dos años están ahora más abandonados y arruinados. Se agota el tiempo para salvar esos inmuebles, que están entre los más característicos de la ciudad y serán muy difíciles de reemplazar por su valor patrimonial.

Heráclito no dijo que las cosas tendiesen a venirse abajo cuando cambian, pero en algunas partes de Ferrol eso es justo lo que ocurre. Ahí tienen al adoquinado de la plaza del Callao, tan hundido que apunta maneras de boca de metro, o a la Cuesta de Mella, que necesita de puntales para no ser rebautizada «Barranco de Mella».

Ese aroma marino. Tampoco en la ría ha cambiado nada, o sí. Tras otros dos años sin saneamiento las aguas que bañan Ferrol han recibido millones de litros más de aguas fecales. Los lodos tóxicos acumulados en su fondo siguen aumentando, A Malata y A Gándara están cada vez más lejos de ser recuperables y el aroma sobre As Pías cuando sube la marea sigue siendo la mejor cura contra el hambre.

Mejores calles. Las carreteras de Castilla y Catabois, la calle Venezuela y otras partes de los ensanches están hoy mejor que hace dos años. Son vías dignas de una ciudad moderna, más dedicadas al peatón que al coche y mejor equipadas que las antiguas. También hay que destacar la rehabilitación de la Casa del Gobernador de San Felipe, aún no terminada, y otras mejoras como las de las fotografías.

Vuelco político. Si hay algo que cambia siempre en Ferrol es la cosa política. De un alcalde socialista hemos pasado a uno conservador, y el cambio ha sido de tal calibre que por primera vez desde 1977 el gobierno local lo es por mayoría absoluta.

También en la Cámara de Comercio hubo cambios, aunque parece que allí la digestión está siendo bastante más pesada que en el Ayuntamiento.

El muro. Heráclito sufriría con la muralla del Arsenal de Ferrol, que sigue ahí exactamente igual, inamovible, tan blanca y molesta como siempre, a pesar de los intentos de meterle la excavadora. Claro que la excavadora solo ha existido por el momento sobre el papel o en la imaginación de los alcaldes de turno.

El agujero. ¿Puede cambiar un hueco, un espacio vacío? El de la plaza de España desde luego no lo ha hecho en absoluto. Sigue tan lleno de nada como ya lo estaba hace dos años. Pero sí ha cambiado en la mente de los encargados de rellenarlo. Los anteriores aspiraban a que algún día alojase un centro deportivo con spa, los actuales parece que se inclinan más por convertirlo en maceta gigante. Menudo cambio, parece que las crisis pueden hasta con los sueños.

La transformación de las carreteras de Castilla y Catabois en avenidas es uno de los principales cambios en el tejido urbano de Ferrol. Los accesos de una ciudad son su carta de presentación, y no cabe duda de que la reforma de ambas vías va a contribuir a mejorarla, por no hablar de la vida de los vecinos que ahora se encontrarán un ambiente mucho más agradable al salir de casa. fotos Rafael Estévez, Ángel Manso

La finalización del deseado auditorio ya ha supuesto una mejora importante en materia paisajística, cuando se circula por la avenida do Mar ya no se tiene la impresión de viajar por zona catastrófica. Ahora solo queda rellenar con espectáculos este espectacular contendedor cultural que tantos millones de euros y horas de trabajo ha consumido. fotos Marcos Creo, Ángel manso

Hace dos años la venerable plaza de A Magdalena parecía abocada a la decadencia. Abundaban las pintadas, grietas y desconchados, y el poco mobiliario urbano que le quedaba estaba casi inservible. Pero Amboage ha cambiado, ahora cuenta con un parque infantil en condiciones, su aspecto general es bastante más presentable y vuelve a ser un referente para los vecinos y los visitantes. fotos José Pardo