a empezó el ruido de fondo. El telón sonoro y visual que acompaña cualquier campaña electoral que se precie. Parece que fue hace unas horas cuando se acabaron las municipales y ayer por la mañana ya volvían a sonar las musiquillas, circulaban los coches con megafonías, se veían las pancartas, los carteles... Un paisaje tan habitual que, en ocasiones, cansa.
Cada vez escucho a más y más gente diciendo que la campaña debería reducirse a un solo día. O que no se debería hacer. Con la que está cayendo, además, a muchos se les viene a la mente los recursos económicos que los partidos dedican a propaganda. Y de dónde salen esos fondos.
Ni tanto. Ni tan poco. En democracia es legítimo y necesario que las diferentes siglas expongan sus ideas. Que pidan y busquen el voto. Es lo que hay. Son las reglas del juego. Del único válido.
Otra cosa es que el debate político haya caído tan bajo que ese período de campaña se acabe limitando a acciones propagandísticas, mítines escasos o nulos de contenido, enchentas multitudinarias de gente que ya tiene su opción casi decidida... Lástima.
En esta zona no somos ajenos a todo eso. En absoluto. De hecho, ahora van a empezar a darse una retahíla de compromisos en firme, contratos con los ciudadanos, promesas de desarrollo que nos van a sonar igual que lo que se dijo antes de las municipales. ¿Por qué? Porque los problemas son los mismos. Y las soluciones no llegan. ¿Solo ruido de fondo?