l reciente libro homenaje al ferrolano Fernando Pérez-Barreiro Nolla, traductor en la BBC, medalla Castelao y gran animador desde Londres de las élites liberales galleguistas, me trajo a la memoria la última vez que hablé con él, en el 2009, un año antes de morir. Caminaba por Esteiro y comentaba que si cerrase los ojos el aire le decía que estaba en Ferrol. Echaba de menos que no se mantuviesen algunas tradiciones que daban la nota de su ciudad natal, como la sirena del astillero (el pito de Bazán), porque cuando iba a la casa de su hija, en Lancaster, al norte del Reino Unido, escuchaba allí la sirena del viejo astillero, the hour of de factory. Le sorprendería que ya no quede ninguno de los grandes cañones de la defensa costera de la base naval, vendidos como chatarra o enviados a otras ciudades para su ornato. Aunque nos queda su legado de gran traductor y su obra poética (en la BBC firmaba como Fernando Nolla), con él ocurre como con las viejas tradiciones ferrolanas, que las dejamos desleír. Algunas, como la sirena, podrían mantenerse sin demasiado costo, porque para eso están los automatismos. O el cañón del ocaso... El divorcio entre la sociedad civil y la militar que dejó la Guerra Civil aún no ha sido restañado, a pesar del tiempo transcurrido. Ocurre con Fernando que su ciudad lo dejó sin el homenaje que merecía, pero estamos a tiempo. Aunque fuese solo por un día, el pito de la factoría Bazán y el cañonazo de las doce deberían sonar en su recuerdo, porque Esteiro sigue con su olor.
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