ltimamente se habla mucho de impuestos pero poco de perseguir el fraude, fiscal y? El otro. Todos sabemos que la cuantía de los millones defraudados a la hacienda pública es escandalosa. Lo más preocupante de esto es que es esa clase media, que cobra una nómina o tiene unos miles de euros ahorrados, la única que está fiscalmente controlada y sobre la que recae el mayor peso de todas las subidas de impuestos. Esos ricos, de los que tanto se habla en vísperas electorales, tienen su patrimonio a buen recaudo en sociedades o bancos suizos y así van a seguir. Lo mismo podría decirse de tantos otros que se manejan con gran habilidad por los senderos de la economía sumergida o, con maniobras de curiosa ingeniería, siempre encuentran la forma de ocultar sus ingresos reales o beneficiarse de ayudas diversas a las que legalmente no tienen derecho.
No sé -creo que no- si en Ferrol hay grandes fortunas. Pero lo que sí sé es que hay una cultura, bastante generalizada y con raíces muy profundas, de que todo lo que se pueda conseguir gratis hay que conseguirlo, aunque sea con alguna que otra treta a la que, además, se califica como arte. Los culpables de esto son todos aquellos que se dedican a abanderar, con la ligereza del que jamás rendirá cuentas, la gratuidad indiscriminada de multitud de prestaciones y prometen paraísos de bienestar sin exigir a cambio, a todos, algo tan sencillo como honradez a la hora de usar lo público, sea dinero o servicios. Fraudes hay muchos?
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