Las cuentas, claras

Nona I. Vilariño S

FERROL

i algo hay sobre lo que no puede sobrevolar la más mínima sombra de duda es sobre el empleo del dinero público, no solo en relación al cuánto sino también al cómo se gastó. Por eso no entiendo, cuando se habla de la situación financiera de las diferentes administraciones u organismos públicos, que se apele a la necesidad de mirar hacia adelante cuando se denuncian situaciones como mínimo irregulares en las cuentas públicas.

En estos días son muchas las noticias que se refieren a deudas ocultas de diferentes ayuntamientos y comunidades autónomas que, cuando se cuantifiquen con rigor, podrían ser un serio obstáculo para alcanzar los objetivos de reducción del déficit público que se pretende. Pero, con ser esto importante, no es lo más preocupante, porque? ya se arbitrarán operaciones de ingeniería financiera, si fuese necesario, para disimular la cuantía de ese déficit.

Lo realmente preocupante para muchos ciudadanos es escuchar que, en los cajones de diferentes dependencias administrativas, aparecen a diario cientos de facturas sin pagar que pueden poner en serio peligro, desde el mantenimiento de la calidad de ciertos servicios públicos hasta la supervivencia de algunas empresas, prisioneras de las deudas que esas entidades tienen con ellas. Los ciudadanos tenemos derecho a conocer a qué se destinó cada céntimo de nuestros impuestos y cuánto nos queda por pagar de deudas ocultas que buscaron, parece ser que solitas, un escondite?