E
n esta época de crisis, de vacas flacas, sorprende ver que hay muchas mentalidades que se resisten a apuntarse a un cambio más que necesario. Al menos para el que suscribe.
Seguro que al calor de un buen despacho oficial, al abrigo de un sueldo pagado por todos los ciudadanos, le puedan entrar a uno-una pájaros en la cabeza. Sueños de grandeza. O aspiraciones faraónicas. Que se continúe pensando que las líneas inversoras de los concellos, de las administraciones, tienen que mantenerse igual que hace diez años. Cua ndo proliferaban paseos marítimos o carreteras costeras que, por cierto, en algunos casos muy cercanos, apenas se utilizan.
Al grano. Tras las elecciones municipales (y cuando los comicios estatales ya se han puesto en marcha) tienen que empezar a apreciarse cambios en las formas de proceder. El motivo es obvio. Si la crisis azota tanto en España como en el extranjero, en nuestra zona la cosa ya pintaba mal desde mucho antes. Solo hay que acordarse de la segunda reconversión del sector naval. Segmento de actividad al que, por cierto, tampoco es que se le plantee un panorama boyante.
En resumen, que la prioridad más angustiosa para muchas familias -cada vez, por desgracia, parece que para más- es que aparezca trabajo y llegar a fin de mes. Y los que mandan tienen la obligación de colaborar con sus vecinos en esos dos objetivos. Sin que eso implique desatender otras cuestiones. ¿Difícil? Seguro. Pero para eso están. ¿No?