El próximo jueves, con La Voz, una nueva edición de la Guía de Másters de Galicia
Q
uerido Leopoldo: El sábado pasado llegaron a Taiwán los primeros valientes que se han atrevido a visitarme a estas tierras de humedad infinita y terremotos. Son Ana y Crispi, viejos amigos de la adolescencia. Nunca fallan: ya estuvieron en China -Crispi hasta dos veces- y ahora toca la isla Formosa.
Por lo que voy viendo, les está entusiasmando. No podía ser menos: Taiwán es, siempre insisto en estas cartas, un lugar especial, y, además -imagino- la emoción del guía -que soy yo- se contagia. Para mí, tenerlos conmigo está suponiendo toda una experiencia. Es como volver a mis primeros momentos aquí, como experimentar de nuevo todo aquello que se ha cubierto de óxido a fuerza de rutina.
Y es que es cierto eso que dicen de que uno se acostumbra a todo. A no ser que nos esforcemos por mantener el seso siempre a punto, lo más extraordinario se vuelve ramplón y la capacidad de entusiasmarnos, de experimentar sorpresa, vuela. Hay gente que se adentra en las inhóspitas selvas camboyanas como si paseara por el barrio de la Magdalena un domingo por la tarde. Acompañar a alguien en su primera visita por Taiwán implica despertar, sacar la cabeza de la venenosa monotonía y respirar el oxígeno puro y euforizante de lo diferente a uno mismo. Mis amigos Ana y Crispi me han traído el mejor regalo que podía esperar: un par de ojos nuevos con los que ver mi entorno. Ojalá vengáis muchos detrás para no perder nunca la ilusión del primer día.