Crisis y falta de actividad se ceban con las dos plantas de Caneliñas
17 feb 2011 . Actualizado a las 13:00 h.Aunque ya había señales de alerta antes, en menos de un mes han saltado todas las alarmas sobre la situación productiva y laboral de las dos plantas de biodiésel ubicadas en el puerto exterior, la de Entabán y la de Infinita Renovables. A continuación se desgrana su evolución y el hoyo en el que se encuentran.
La rada de Caneliñas fue el lugar elegido para emplazar, a pocos metros de distancia, dos plantas de biodiésel. Entabán arrancó en junio del 2008 con cuarenta empleados y capacidad para producir 200.000 toneladas de biocombustibles al año. Infinita, filial de Isolux Corsan, se estrenó a mediados del 2009. Puede sacar 300.000 toneladas por ejercicio. Sus concesiones en suelo portuario ocupan, respectivamente, 32.000 y 41.000 metros cuadrados. Su puesta en marcha supuso, en conjunto, una inversión de cerca de 130 millones de euros, en buena medida apoyados en subvenciones públicas.
El mercado del biodiésel enseguida se comenzó a configurar como un gran núcleo de actividad para Ferrol. De hecho, se esperaba que, por capacidad instalada, fuese una de las zonas de mayor producción de toda España. Pero los problemas no tardaron en llegar.
Fue la firma zaragozana la que dio las primeras alertas sobre sus dificultades productivas. Ya a comienzos del pasado ejercicio comenzaron los problemas de actividad y los despidos. Empezó con cuarenta operarios y hoy solo tiene una decena. Según el sindicato CC.OO., que representa a los trabajadores, ya se está buscando «el cierre», aunque de una forma «tapada» ante la imposibilidad de dar viabilidad al complejo.
La filial de Isolux Corsán despachó durante el pasado ejercicio el poco biodiésel que salió de la dársena exterior. Como ya publicó La Voz el 4 de febrero, durante el 2010 este sector movió poco más de 73.000 toneladas, el 0,7% de todo el tráfico marítimo de la Autoridad Portuaria Ferrol-San Cibrao. El pasado martes anunciaba su intención de aplicar un ERE temporal sobre la totalidad de la plantilla -en la rada son medio centenar de operarios- que se extenderá hasta el 31 de enero del 2011 por la imposibilidad de producir.
La competencia desleal del biodiésel que llega del extranjero se argumenta como el principal problema del sector . Producto procedente de Indonesia, Estados Unidos o Argentina es más barato que las materias primas con la que trabajan las compañías locales. De los lastres de esta situación ya alertaba Infinita a través de un informe sectorial difundido a comienzos del pasado ejercicio.
También en ese informe de Infinita se ponía especial acento en el fuerte desconocimiento social que existe sobre el biodiésel. A comienzos del año pasado, de las más de 9.000 gasolineras y estaciones de servicio de España solo el 5% servían ese biocarburante sin mezcla. O sea, tienen surtidores específicos. Y el cliente sabe que los está utilizando. De otro modo, lo desconoce.
Es lo que con insistencia se le reclama al Gobierno central desde la industria del biodiésel. Que se tomen las medidas necesarias para que las petroleras tengan que adquirir el producto generado en España. También uso de biocarburante en transporte público y vehículos oficiales o que se obligue a los fabricantes de vehículos a garantizar la utilización de mezclas etiquetadas en todos sus nuevos productos para que el biodiésel se conozca y se utilice más.
Mientras no se cumplan medidas como las mencionadas en el punto anterior, el futuro está plagado de nubarrones para esta industria, tanto en Ferrol como en el resto del país. ¿El motivo? Si no hay clientes, no hay producción y las plantas se quedan sin cometido. Es lo que pasó en Entabán y, ahora, también en Infinita. Las perspectivas de mejoría a corto plazo son escasas.
La situación de Entabán e Infinita también afecta a la Autoridad Portuaria. Por dos causas. La primera es que su inactividad redunda en menores tráficos en el capítulo de graneles líquidos, una de las tres patas del negocio marítimo con los graneles sólidos y la mercancía general. La segunda es que hay dos factorías paradas, sin producción, en concesiones del puerto exterior, un suelo ganado al mar en el que el coste del metro cuadrado es muy elevado en comparación, por ejemplo, con el de un polígono industrial.