A partir del 2013, la depuradora de Cabo Prioriño tratará el equivalente a 36 piscinas olímpicas de aguas residuales al día. Lo hará con procesos físicos, bacterias y rayos UVA
22 sep 2010 . Actualizado a las 16:39 h.Camuflada en la espectacular costa de Cabo Prioriño, mirando a la Torre de Hércules y a la vecina ciudad de A Coruña, la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) se somete estos días a los últimos retoques antes de que el Ministerio de Medio Ambiente dé por finalizada su construcción. Tras casi cuatro años de trabajos, la obra de esta moderna planta, a la que irán a parar las aguas que ahora circulan por las cañerías de Ferrol, Narón y Neda, concluirá el próximo 21 de octubre.
Aunque todavía habrá que esperar hasta el 2013 para que la EDAR comience a funcionar, ese día serán muchos los que brindarán por el final de una intervención muy compleja, en la que han trabajado operarios de España, Italia y Portugal y que ha conllevado un coste de 31 millones de euros. Entre los que levantarán su copa sin duda se podrá encontrar a Ignacio Pardo de Vera, la persona a la que la Confederación Hidrográfica del Norte ha encomendado la dirección de todas las obras del nuevo sistema de saneamiento de la margen norte de la ría ferrolana, que ayer hizo de cicerone para La Voz en una visita a las instalaciones de la planta.
Cuatro etapas
El recorrido se inicia en el edificio de pretratamiento, donde las aguas residuales se liberan de lo que los técnicos llaman «fracciones finas», es decir, sólidos, arenas y grasas. En esta primera etapa se incluyen dos procesos: el caudal pasa primero por un sistema de tamizado que retiene los residuos sólidos (como pelos, bastoncillos de oídos o tampones) y de ahí va a parar a cinco grandes canales, donde, gracias a un sistema de burbujeo, se consigue que las arenas se depositen en el fondo y las grasas se concentren en la superficie para su retirada.
Una vez hecho esto, llega el segundo paso, que es la fase de «tratamiento primario», donde se eliminan sólidos, de menos de dos milímetros, que se encuentran en suspensión. Según explica Pardo de Vera, esto se consigue gracias a tres grandes reactores o depósitos, por los que las aguas residuales fluyen hacia arriba a través de un filtro lamelar -«a modo de malla de abeja»-, con lo que se consigue que los sólidos se depositen en el fondo.
La visita sigue avanzando, pero, entre parada y parada, afloran algunos interrogantes. Por ejemplo, ¿qué cantidad de aguas residuales llegarán a la planta cuando esté funcionando? David Montoya y Manuel Varela, que hacen de anfitriones junto a Pardo de Vera, ofrecen la respuesta: «Lo que está previsto es que se traten 90.000 metros cúbicos al día». O lo que es lo mismo, el equivalente a 36 piscinas olímpicas. Casi nada.
Pero la visita sigue su curso y hay que reanudar la marcha. Tras las dos etapas de pretratamiento y tratamiento primario, las aguas pasan por un proceso de biofiltración, en el que el caudal se deposita en seis grandes reactores llenos de biolita, una especie de arcilla que favorece la proliferación de bacterias que se comen la materia orgánica. Y después, todavía deben someterse a un sistema de rayos UVA -la cuarta y última fase- para eliminar la contaminación bacteriológica.
El final del recorrido está cerca. Pardo de Vera explica que, tras esos cuatro pasos, a las aguas ya solo les espera el mar, adonde llegarán gracias a un emisario submarino todavía en construcción. Entonces, solo entonces, la ría podrá librarse de años y años de maltrato.