Unos bancos

José Varela

FERROL

Dicen los que saben que si usted debe un millón al banco, tiene un problema; pero si en lugar de un millón le adeuda mil millones quien tiene un problema es el banco. Mucho antes, la sabiduría popular sentenció lo mismo pero con más belleza semántica: a perro flaco todo son pulgas, o, en fin, del árbol caído todos hacen leña. En esa elevada corriente del pensamiento moderno debe militar la Xunta de las minicentrales hidráulicas a esgalla cuando, con regocijo de la parroquia popular, anuncia expediente por unos bancos que el Ayuntamiento de Ferrol instala en espacios urbanos. El anuncio de Patrimonio rozaría lo obsceno si este departamento de la Xunta de los parques eólicos en Red Natura 2000 no quedase desautorizado de por vida en Ferrol después de la bochornosa disputa por el color de las casas baratas, asunto de gran enjundia del que dependía la imagen de Galicia en el concierto de las naciones. A la Xunta del ponga usted la piscifactoría donde le pete que ya lo arreglaremos le incomodan unos bancos modestos en medio de una calle peatonal porque pueden no ser coherentes con el entorno. A la Xunta que disfruta de obras de Isozaki y Siza en medio de la monumental y rehabilitada Compostela le parten el alma unos asientos que no levantan un palmo del suelo. Pero todo sea por el bien de una ciudad mimada por el Gobierno autónomo, por una Xunta que transfiere más competencias urbanísticas a los concellos -en la inteligencia de que son más escrupulosos con la disciplina- pero no ceja en su permanente desvelo por la preservación del patrimonio: salgan y vean lo que se ha hecho con el patrimonio histórico por ahí adelante para sentirse reconfortados por el rigor policial de los hombres de Feijoo. Siempre es un alivio sentirse a salvo bajo la protección del ojo que todo lo vigila de la Xunta de la Ciudad de la Cultura (¿cómo serán los bancos que se compran para la pirámide de Fraga que se levanta en el Gaiás? ¿gozarán del nihil obstat de Patrimonio?).