La tele no pasa por su mejor momento. Dicen. Los que ven los documentales de La 2. O a los que se les llena la boca con la palabra «te-le-ba-su-ra» y luego no reciclan en casa. La tele, de rostro impertérrito, es fiel compañera. En noches solitarias, en comidas familiares, en tardes tediosas. Mi primera televisión me la compré con 16 años. Las veinte mil pesetas que gané con un premio académico me las gasté en una Sony pequeña -pequeña era entonces-. Me ha acompañado siempre, allá adonde he ido. Hasta hace meses, cuando su sitio fue ocupado por una Samsung de pantalla extraplana. Pequeña Sony, no me eches la culpa a mí. Fue la TDT quien te asesinó.
Desconozco si el gusto por la tele tiene componente hereditario, pero si así fuera, sé a quien me parezco. Con 87 años, consume tanta tele como yo. Ella con más tiempo libre, yo con más retentiva. Coincidimos en gustos. Casi. El cisma se produce con los plenos televisados de Ferrol. A ella le encantan. A mí, llámenme rara, pero con presenciarlos -por prescripción periodística, claro- me basta. Repetir sería premeditación y alevosía. De hacérmelo mirar.
Los concejales de la corporación, conscientes de estar siendo grabados, levantan el dedo índice y lo zarandean como pupilos en sus pupitres para tomar la palabra y matizar lo que está matizadísimo desde horas antes. Se usan todos los turnos, sin excepción. Hablan a la cámara, miran a la cámara e, incluso, creo que se arreglan para ella. Pero eso es ya una apreciación personal.
Al filo de la medianoche, cuando entre el público ya solo quedan el cámara, la cámara y una servidora, quien escribe olvida por unos minutos su cometido, el de tomar notas, y se repanchinga en el cómodo sillón de terciopelo rojo para disfrutar de la función. Solo faltan palomitas. Cuando se levanta la sesión y algún edil, satisfecho por la labor interpretativa, bromea con aquel al que minutos antes dirigía sus feroces críticas -y yo me lo creí- me doy cuenta de que la escena ha terminado. Y de que no son actores, sino representantes del pueblo. Y no es una película, es el futuro de la ciudad.