Hay barrios donde los termómetros no coinciden a la misma hora y con el mismo estado del cielo. El viento y la orientación de los edificios son las principales causas
16 ago 2010 . Actualizado a las 12:31 h.Ferrol parecía Londres el jueves a las diez de la mañana. La niebla invadió la ciudad y el verano parecía haberse marchado. El cielo estaba encapotado y la chaqueta volvió a ser después de semanas una prenda indispensable. Aún así, la temperatura no era la misma en todos los barrios.
Y es que entre la plaza de Armas, Canido, el puerto de Curuxeiras y Brión se registró una variación de hasta cinco grados en un período de tiempo que no superó los 30 minutos. Los microclimas existen en la ciudad y recorrerla es suficiente para percatarse.
Frente a la casa consistorial el termómetro marcaba 22,8 grados y un 68% de humedad, una temperatura que se aproximó a la media registrada por la estación meteorológica de Meteogalicia. Según los expertos, la medición en un lugar céntrico y rodeado de edificios evita la exposición al viento, que según su dirección provoca una variación destacable según las zonas de una misma ciudad. Pero a pocos metros de distancia los grados comenzaban a bajar.
En Canido, una zona más alta y menos resguardada se registró un grado menos. Los vecinos aseguran que la sensación térmica en el barrio es generalmente distinta a la de las calles más céntricas, aunque según la estación y la dirección de las corrientes de aire la diferencia es más exagerada. «Hay días que sales de casa y no te imaginas que pueda venir en cuestión de tiempo una jornada de playa. De camino al centro cambia la percepción», aseguran.
El dato más representativo se obtuvo en el puerto de Curuxeiras. Más de 24 grados centígrados marcaba el termómetro cinco minutos más tarde de la última medición. Desde la estación de Meteogalicia se aclaró que aunque por norma general en Ferrol la cercanía al mar es sinónimo de frío, ocurre excepcionalmente que la dirección del viento empuja el calor de los edificios hacia la costa. Por ello, la chaqueta sobraba cuando se comenzaban a divisar las embarcaciones.
La última medición se tomó en Brión. El centro de Ferrol quedaba ya a lo lejos y el aire comenzaba a mezclar el olor a eucalipto y salitre. Apenas 19 grados marcaba el termómetro. Parece que el otoño llega antes a este barrio.
Los taxistas y las personas que trabajan a la intemperie parecen conocer más que nadie este fenómeno de variación térmica. Ellos contactan diariamente con varias zonas de la ciudad y perciben en un corto espacio de tiempo los cambios.