Estimados habitantes de Adelaida. Me permito unas líneas para decirles que lo de que Ferrol no se hermane con su ciudad no es una cuestión personal. Porque lo sencillo sería pensar que ustedes nos han hecho algo malo. O que nos han insultado. O que nos tengan a menos... A saber lo que se les puede pasar por la cabeza. Y no les culpo. La verdad. Sirva este texto también para transmitirles mi humilde visión sobre lo que ha sucedido. Porque por esos lares australianos no sé como va la vaina. Pero aquí suele ser bastante repetitiva.
A saber. No hemos estrechado lazos fraternales con ustedes porque el pleno de Ferrol -donde están los políticos que hemos escogido en las urnas- ha decidido, con bronca y gresca incluida, que no. Así de claro.
Pero, insisto, no se lo tomen a mal, amigos de las antípodas. Porque sería exactamente igual si, en vez de Adelaida, la ciudad a escoger hubiese sido Bruselas, Río de Janeiro, Tokio o Albacete. Habría pasado tres cuartos de lo mismo. Porque no es una animadversión hacia sus calles o sus gentes. No va de eso. Va de que aquí -no lo saben, claro- cuando se monta el pollo político, pues se monta y ya está. Puede ser un hermanamiento, una obra, una moción sobre la crianza de la liebre en cautividad... Da un poco lo mismo.
¿Qué las relaciones comerciales entre un lugar y otro son evidentes? No importa. ¿Qué esos vínculos podrían enriquecerse todavía más si hubiese un acuerdo? Da lo mismo. ¿Qué hay varios informes de instituciones y empresas que aplaudían esa iniciativa? Se mira para otro lado. Aquí, amigos, cuando es no, es no. Y pista. Lo dicho, por favor, no se lo tomen a mal. Que la cosa, en el fondo, no va con Adelaida. Va de batiburrillos de andar por casa.
PD: Por cierto, que sepan que en breve aquí va a haber que pasar por las urnas y a lo mejor eso y el jaleo que conlleva también tiene que ver con que no nos hermanemos. Se me ocurre, vamos.