Olvido selectivo

Francisco Varela

FERROL

Otra vez se avecina tormenta en el sector naval, léase Ferrol. Navantia afronta un período de incertidumbre a pesar de ser la joya de la corona... Es que la historia de la ciudad, como una gran montaña rusa que sube y baja al modo de dientes de sierra de estadística, puede seguirse -salvo la salvajada de la Guerra Civil- en el espejo de las gradas de sus astilleros. ¿Por qué el siglo XX tuvo aquel momento maravilloso de sus años 20, donde floreció todo lo que hoy se añora: rondallas, alegría en las calles, obrerismo moderno, arquitectura de Ucha...? Pues porque la Constructora (luego Bazán) tenía trabajo en abundancia desde una década anterior: se estaba construyendo la nueva escuadra para la Armada, porque la anterior quedó en el fondo del mar de Cuba, en 1998. El general Gabeiras no erraba cuando decía que fueron los años más felices de la ciudad.

Pero fue una felicidad efímera, llegó la guerra y la crisis de los 40 y no se volvería a respirar hasta bien pasados los años 60, después de aligerar población incentivando literalmente el excedente de mano de obra del astillero para que se fuese a trabajar a Suiza. De paso, su ahorro hizo de cebo de bomba de la banca. De nuevo, volvieron las vacas gordas con un Astano que reventaba por todos los costados construyendo aquellos superpetroleros, que fueron el pan para hoy y el hambre para mañana, porque la crisis previa a los 80 -siempre, del siglo XX- volvió a mandar a la calle a miles de trabajadores de contratas, despedidos en masa para negocio de unos pocos que asesoraban a las patronales en cómo hacerlo. Y, ahora, otra vez. Por eso, ¿por qué añoramos la construcción naval? La memoria es engañosa y reserva solo los ratos buenos para arrojar al olvido estos valles del tobogán de nuestra historia. Mejor, por tanto, luchar por que se diversifique nuestro tejido industrial en lugar de continuar peleando por lo efímero.