El gigante de la Armada se despierta

Andrés Vellón Graña
A. Vellón FERROL/LA VOZ.

FERROL

Las pruebas de mar del «Juan Carlos I» para detectar fallos son los primeros pasos de un buque llamado a poner a la Marina a la vanguardia de Europa por su versatilidad

26 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Las pruebas de mar del megabuque Juan Carlos I son, en la práctica, los primeros pasos del nuevo gigante de la Armada. Navantia comprueba en estas jornadas -está programado que concluyan el viernes- numerosos equipos e instalaciones del mayor navío de la Marina española que destaca a nivel de fabricación por sus dimensiones y, desde el punto de vista estrictamente militar, por su versatilidad, que colocará al país a la vanguardia de las Armadas europeas.

Su diseño fue aprobado en septiembre del 2003 y se comenzó a construir en mayo del 2005. Fue botado en marzo del 2008. Su ejecución se enmarcó dentro de una etapa en la que la defensa nacional se caracterizaba por el constante aumento de sus presupuestos y por la asunción gradual de mayores responsabilidades internacionales por parte de España.

El escenario

El escenario económico ha cambiado notablemente -y para mal- desde que fue concebido. ¿Sería posible hoy su desarrollo? Todo apunta a que habría numerosos escollos por la falta de fondos. Pero el Juan Carlos I es ya una realidad. A la que todavía le quedan muchos cabos sueltos y en la que hay que realizar miles de comprobaciones para detectar todo tipo de errores. Pero una realidad. Y mastodóntica. De las magnitudes de sus cifras da ya buena cuenta el gráfico que acompaña la información. Además de sus 230,8 metros de eslora (largo) y de sus 32 metros de manga (ancho) cabe destacar, entre otros aspectos, su capacidad para albergar a cerca de 1.500 militares si se considera necesario, su pista de despegue para aeronaves de casi 202 metros o un hangar de vuelo para una docena de aeronaves. Aunque puede llegar a cobijar treinta si se dedica a ese fin su hangar de vehículos ligeros.

Porque, como ya se ha mencionado, es la versatilidad del navío lo que le imprime un sello diferente dentro de la Armada española. Marina, Ejército del Aire y Ejército de Tierra se pueden aprovechar de sus características. Supone la mejora del potencial anfibio de la Armada por su capacidad para la proyección de militares a tierra desde el mar. Y es una plataforma para poder operar con aviones. O sea, un suplente de lujo para el Príncipe de Asturias. Sus posibilidades para acciones de ayuda humanitaria como la que, por ejemplo, ejecutó recientemente el Castilla en Haití son también muy notables. Se trata, en definitiva, de un gigante ágil con disponibilidad para diferentes funciones.

La entrega a la Armada del Juan Carlos I servirá también para abordar otro antiguo proyecto con el que trabaja la Marina: la necesaria modernización del Príncipe de Asturias. El portaviones tiene que estar inmovilizado para acometer esa tarea. Se aguarda, así, a que puede ejecutar sus labores el nuevo megabuque durante ese tiempo.