Palabrería

Miguel Salas

FERROL

Querida abuela Tilde: Tú, que eres mucho de escuchar las noticias y los debates políticos en la radio, también te lo pasarías muy bien en Taiwán, que en eso de los trapicheos, las puñaladas traperas y los odios enquistados entre partidos se parece mucho -demasiado- a España. Y no solo en eso. El otro día, Leandro -un profesor taiwanés de mi departamento, que enseña conversación- escogió para su clase los primeros minutos de la entrevista que hicieron a Zapatero en la televisión pública. Algunos de los alumnos que, como es natural, no entendieron ni papa, se pasaron después por mi despacho para que les ayudara a descifrar aquel galimatías: inflación, paro, crisis? Ya te imaginas. Dos horas y media tardé en explicarles seis minutillos de conversación; casi nada. Al terminar, los alumnos, muy aplicaditos, con sus libretas llenas de letras apretadas, tachones y caracteres chinos, discutieron en su lengua los conceptos principales de la entrevista. Parecían entusiasmados: gesticulaban, se interrumpían, y de vez en cuando dejaban caer alguna que otra palabra en cristiano. Parecieron, por fin, llegar a un acuerdo.

Entonces pregunté: "¿Hay alguna duda? ¿Qué os ha parecido?", y la de más desparpajo, Rosita, contestó, muy a nuestro estilo, con otra pregunta: ¿por qué el presidente habla tanto y no dice nada? Los demás asintieron, apoyando a su compañera. Menudo papelón. ¿Qué podía contestarles? Ahora entiendo cómo se sienten los padres cuando los hijos empiezan con las preguntas incómodas. Lo que sí hice fue hablarles de mi experiencia: pocos políticos españoles recuerdo yo, queridos alumnitos, que ofrezcan alguna idea entre esa confusa palabrería que suelen ser sus declaraciones públicas. Será cosa de la tradición nacional. Y sincronizados, igual que antes habían asentido, negaron todos con la cabeza. Esta vez fue Gabriela la que expresó el sentir colectivo: en Taiwán pasa lo mismo. Pues qué triste entonces: es cosa humana. Lo llevamos en los genes.