Truco en Ferrol Vello

FERROL

Cuando el enfermo se encuentra ya muy grave no sirven las tiritas. Ni los pequeños remiendos. Las asistencias de urgencia son para lo que son. Para que el mal no sea definitivo. Y hay un Ferrol moribundo al que se le están aplicando parches cuando lo que necesita es un diagnóstico completo, receta clara y cirugía mayor.

No hay que mirar muy lejos para ver que el norte de España está salpicado de cascos históricos mimados a más no poder. Belleza, arquitectura, calidad de vida y movimiento económico se mezclan en múltiples puntos de Asturias, Cantabria o País Vasco, por poner solo algunos ejemplos. Ahí al lado, en Ourense o Allariz, hace años que se pusieron manos a la obra y los frutos son evidentes.

¿Y en Ferrol? Aquí la cosa va bastante más lenta (qué raro) y la responsabilidad hay que repartirla. Y bastante. De ella no se escapan, claro, las administraciones públicas. Pero tampoco algún que otro especulador agazapado a la espera del gran pelotazo. Otro clásico. Pero también existen ejemplos de rehabilitaciones de órdago en A Magdalena y Ferrol Vello hechas con tesón y cariño. Y sus resultados son brillantes. Es posible.

Pero lo que es un hecho es que hay un Ferrol moribundo. Arquitectónicamente carcomido y con mucho menos aliento del que debería tener. Más si, como es el caso, respira el salado aroma del mar. Y, como ya ha quedado dicho, no le valen las tiritas. Y tampoco le ayuda el último truco de magia que se ha sacado de la manga la Xunta para no declararlo bien de interés cultural. Al estilo Tamariz. A saber: pido tres informes, dos avalan esa protección, ¿qué hago? (buff), bueno, me saco un conejo de la chistera, interpreto uno de ellos como si fuese negativo y fin de la función. Listo. Juego de manos y ya no hay bien de interés cultural.

Y con esa estrategia del cubilete con los informes se vuelve a obstaculizar la intervención de urgencia para el paciente. Para un barrio con vocación de joya que necesita oxígeno.