Los usuarios elogian la línea de cercanías pese al evidente declive de pasajeros
21 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Salvar la distancia entre Xuvia, en Narón, y el centro de Ferrol apenas cuesta doce minutos. Y para ello, no hace falta correr como el diablo por la carretera de Castilla en coche o moto, ni fletar un helicóptero. Es posible gracias a la línea de cercanías de Feve, y es algo que respaldan los viajeros que, fielmente, hacen el recorrido día a día.
Entre los dos puntos circulan cada jornada veintiséis convoyes en un sentido, y otros tantos en la marcha opuesta, pero no toda la tabla de horarios cumple sus objetivos como cabría esperar. «El que viene de Ribadeo por las mañanas siempre lleva retraso», critica Julio Lorenzo, vecino de Santa Cecilia de 68 años que se confiesa un adicto al tren de cercanías «desde hace unos cuatro años».
Utiliza uno de los apeaderos más concurridos de la línea, y a las 13.20 horas se baja junto a otras cuatro personas del tren que sale de Ferrol hacia Xuvia, de vuelta a su casa. La de Ribadeo es la única espina que encuentra en un servicio que considera «más cómodo», pero aún así el declive de viajeros es cada vez más evidente.
Julio es uno de esos vecinos que, aún teniendo vehículo propio, «lo dejo aparcado en casa cada vez que voy a Ferrol». Muestra un bono de diez viajes subvencionado por el que cada trayecto le sale por 72 céntimos de euro. «Lo mismo que el bus», dice, y eso sin enfrentarse a las dificultades de conducir hasta la urbe naval y encontrar aparcamiento en el centro.
¿A qué va? «Pues a pasear o a hacer compras», replica. Pero eso no es lo más habitual en el tren. Normalmente utilizan el servicio de Feve personas que se dirigen al trabajo o a alguno de los centros de enseñanza de Ferrol. Este último es el caso de Jorge Castaño, un estudiante de 21 años que todos los días coge el cercanías. Al menos, apunta, así consigue «llegar a tiempo a clase» porque, critica, «el bus se para cada doscientos metros, tiene semáforos... y es más incómodo».
Lo de la afluencia de pasajeros es, sentencian ambos, una cuestión de «horas». Y es que en los momentos clave del día, es decir, a primera hora de la mañana, a mediodía y al final de la tarde, «no se nota tanto» que baje la afluencia de pasajeros.
Ambos descienden del tren en la parada de Santa Cecilia poco antes de la hora de la comida. Pero la realidad es muy diferente en el convoy de las 12.45 a Xuvia, por el que solo espera una persona, o el de las 13.00 horas con dirección a Ferrol, del que solo se baja un pasajero y se queda completamente vacío.
Eso sí, la puntualidad es inglesa. No obstante, el apeadero se mantiene como hace una década. Las obras de Feve no se centraron en esa zona del recorrido, a pesar de que en los últimos años se abrieron dos nuevas paradas intermedias, una en Ferrol y otra en Narón.
Las posibilidades de desdoblar la línea en el tramo de Santa Cecilia son prácticamente imposibles, ya que las vías se encuentran encajonadas entre las viviendas del barrio. Aún así, un antiguo proyecto del Concello de Narón solicitaba cubrir el trazado más urbano de Feve para, por una parte, mitigar el impacto del paso del tren a pocos metros de las casas y, por la otra, utilizar la parte superior para crear un parque público. Y es que los usuarios aprovechan para demandar la mejora de ese entorno porque «es un apeadero que utiliza mucha gente».