Solo entre enfermeros y auxiliares, en torno a 75 personas trabajaron ayer en el hospital público; fue un día tranquilo, pero el centro se prepara para la peor jornada del año: la mañana del 1 de enero
26 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Navidad no es Navidad. No en los hospitales Arquitecto Marcide y Novoa Santos. Para los que ayer curraron allí (solo entre enfermeros y auxiliares, en torno a 75 personas) no hubo turrón, ni brindis con champán, ni una sobremesa repantigado en el sofá, solo prisas, apuros... Y un rato libre para contar cómo es un 25 de diciembre en esa pequeña gran ciudad que es el hospital. El turno de trabajo empezó a las diez de la mañana y acabará hoy a esa misma hora.
Urgencias. Catorce enfermos y auxiliares moviéndose de un lado para otro. Gente en los pasillos y en la sala de espera. De pronto, reina la tranquilidad. De repente, vuelven los apuros. «Urgencias no se puede decir que sea un sitio tranquilo; ocurre igual en Partos», cuenta Elisa Alves, supervisora de guardia del área sanitaria y anfitriona durante el recorrido.
El personal de Urgencias está demasiado atareado como para pararse a contar qué tal eso de trabajar en Navidad. Solo uno de ellos explica que la comida fue de lo más normal. Nada de fiestas.
El área más estresante del Marcide atiende a diario unas 170 urgencias. El día de Navidad no es de los más movidos. En los pasillos hay pacientes, pero no demasiados. «En Navidad tenemos a más gente mayor por los empachos de la cena de Nochebuena y también niños porque los festivos no hay pediatras en los centros de salud».
Se avecina una de las jornadas que más trabajo da a los profesionales del hospital: la mañana del 1 de enero. Intoxicaciones etílicas, heridos por accidentes de tráfico... Daniel Souto lleva once años en el servicio de admisión de Urgencias. La jornada de ayer se presentaba relativamente tranquila. «Recuerdo nochebuenas de locura, casi de no cenar», explica. Dice que el trabajo en Urgencias engancha, que allí no hay monotonía que valga. Pero «esto te tiene que gustar para estar aquí», opina Elisa. Porque, aparte de la actividad frenética que caracteriza a Urgencias, el personal está más en contacto con el dolor humano. «Te curtes y te vas haciendo duro con el tiempo, pero te afecta mucho ver dramas familiares; se oyen muchas cosas por los pasillos», confiesa la supervisora. A Daniel, además de rellenar formularios, también le toca aguantar las quejas. Las más comunes: las esperas. Elisa Alves habla de ello: «Siempre hay prioridades, puedes estar segura de que lo urgente se atiende enseguida».