Quienes pusieron en marcha el complejo social de Pazos iniciaron el proyecto con algo más de 6.000 de los actuales euros; su valor hoy supera los diez millones
20 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.El grupo se reúne 40 años después para recordar su pequeña epopeya, cuando crearon lo que hoy es el Club de Campo, la primera institución social de Ferrol en número de afiliados. Son Antonio Gómez, comerciante jubilado; José Botas, empresario; Víctor Manuel García París (Babelín), empresario de gasolineras; Francisco Gómez Deaño, entonces hostelero y hoy empresario jubilado, y José Rioseco (Pepín), médico militar y entusiasta de la natación y todos los deportes, entonces y ahora. Tenían el empuje de los 30 años y, sin saberlo, representaban a la pequeña burguesía de la ciudad, surgida de los años de bonanza de la década de los 60 que buscaba su sitio en la sociedad ferrolana, al margen de los clubes militares o del clasista Casino. Paco Deaño, que con Babelín formó el núcleo duro del equipo, recuerda que se reunían en la trasera de la marisquería Venancio, la mejor de Ferrol entonces, situada en el Cantón y que pertenecía a su familia, («mucho pulpo con patatas comimos mientras discutíamos los números»).
A José Botas, más práctico, le tocó lo de los terrenos. Buscaban unas parcelas grandes a la orilla del mar, porque querían tener actividad náutica. «Encontré en A Cabana, pero nos pedían 14 millones de pesetas, ¡mucho dinero!, y por eso nos decantamos por los terrenos de Serantes, que los conseguimos en unos 1,3 millones de pesetas», dice José. Es decir, poco más de seis mil euros actuales.
La financiación
Babelín es el decano del grupo y se mueve con dificultad. Tiene sin embargo una cabeza muy ordenada para los números. Todos remiten a él. Recuerda que la operación se cerró con Caixa Galicia integrando en el acuerdo una deuda de un millón de pesetas que tenía el Círculo Mercantil (recuérdese, la sociedad es Círculo Mercantil-Club de Campo) para la adquisición de los 17.000 metros cuadrados donde hoy se encuentra el complejo deportivo y social de Pazos, buscados por Botas.
Es curioso comprobar que muchos de los acuerdos fueron literalmente de palabra o aportando avales personales, algo inimaginable en la actualidad. Deaño rememora con aprecio a los directivos de Caixa Galicia en Ferrol entonces, Pujalte, Juan Cardona, y José Luis Méndez, el actual máximo dirigente de la institución, que inició su carrera en Ferrol. Por eso, tiempo después, el Club de Campo quiso reconocer el apoyo de Méndez haciendo madrina de honor de la rondalla del club a su esposa. Pero también las mujeres de parte de estos entusiastas «deberían recibir un homenaje», dice Deaño, porque eran quienes aguantaban en casa esperando por ellos, reunidos durante muchas noches para echar cuentas y sacar el ansiado proyecto adelante.
La constructora
Esa forma de relación, de confianza y responsabilidad, la tuvieron también con Emilio Lama, porque la obra la inició la empresa Rodolfo Lama, entonces una de las primeras de Galicia, sin tener seguridad de que cobraría. Incluso Rodolfo Lama visitó Pazos para comprobar lo que le decía su hijo Emilio.
Pepín Rioseco habla de aquellos años y del grupo: «Íbamos pensando en hacer un bien para Ferrol, buscando crear un club para la familia entera, incluso creí en algún momento que nuestro proyecto era una utopía, pero a veces lo sueños se consiguen». Era el más joven y hoy sigue unido por fuertes lazos de amistad con parte del equipo. De hecho, Babelín lo dice con un poco de arrobo, «desde aquella es mi médico y me cuida de maravilla». Hay que situarse en el Ferrol de 1970, una ciudad estamental, sin canales de comunicación entre el mundo militar y el civil, pero en la que surgía una nueva vida. Compararla con la urbe actual asombra. No existía ninguna piscina pública, el embrión del equipo de natación tenía que ir a A Coruña a entrenar, tampoco existían pistas de tenis, de pádel o de cualquier otro deporte, salvo en los recintos militares. Solo los campos de futbol. En 1983, Deaño tuvo que dejar el grupo. Antonio Gómez asumió la presidencia del club para dirigir un largo período de asentamiento del proyecto. Fue como el plan de estabilización, con el complejo ya casi terminado.