La mayor parte de las aproximadamente 200 granjas de la comarca que se dedican a la producción de leche atraviesan por graves dificultades económicas. La crisis que está viviendo el sector, donde las industrias están pagando, en muchas ocasiones, el producto por debajo de lo que le cuesta a un ganadero generarlo, ahoga las cuentas de los productores.
De hecho, los sindicatos agrarios aseguran que las empresas transformadoras están incumpliendo los acuerdos que se alcanzaron entre ambas partes para la fijación de un precio mínimo y ya han anunciado nuevas movilizaciones para la próxima semana. Además, la decisión que tomó la Unión Europea de liberalizar la cuota de las explotaciones ha provocado que pierdan poder adquisitivo y rentabilidad en su negocio.
«Para moitos a situación é dramática. Agora páganse cerca de 26 céntimos polo litro de leite, mentras os acordos que se firmaron coa industria contemplan o horizonte dos 30», explica el responsable comarcal de Unións Agrarias, Ángel Alvariño, quien añade: «Tamén hai moita diferencia entre o que pagan unhas empresas e outras, por iso, consideramos que o pacto está incumpríndose e vamos a manifestarnos o próximo sábado en Madrid».
«Os problemas financieiros nas granxas chegaron como consecuencia da caida no prezo. Cando estaba alto moitos productores pediron créditos cos que aumentar e mellorar as súas instalacións. Nesa situación era asumible, nestes momentos non», subraya Alvariño.
El origen de la crisis
Las causas de la actual crisis se remontan al año 2007. El incremento de la demanda mundial de leche hizo que la Unión Europea aceptase un aumento en la cuota de producción de los estados miembros de un 2%. Entonces, a los ganaderos se les llegaba a pagar el litro a 50 céntimos. La recesión que vive la economía mundial provocó un descenso brusco del consumo. Por lo que los mercados se encontraron, de repente, con menos demanda, pero con una oferta mayor.
La consecuencia lógica fue la saturación del sector y la caída en picado de la cotización de la leche. A partir de ahí, los problemas se encadenaron, sobre todo, en las cuentas de los ganaderos, ya que con el descenso del precio (ahora las empresas transformadoras pagan el litro a menos de 30 céntimos) la amortización de los créditos que muchos productores solicitaron para la modernización o ampliación de sus explotaciones les están asfixiando mes a mes.
La cuota y la distribución
Además, la liberalización de la cuota láctea que llevó a cabo Bruselas y que generó el rechazo entre la mayor parte de los productores europeos es un problema añadido. Muchos productores habían hecho inversiones en este capítulo que en estos momentos solo repercuten en el coste del litro de leche que sale de estas granjas y, sin embargo, ha dejado de ser un activo para la explotación. Es decir, la granja vale menos que antes de que la Unión Europea hubiese tomado la decisión de liberalizar la cuota. Galicia, paradójicamente, se opuso a la entrada en vigor de la cuota y también acabó rechazando su supresión.
Por otro lado, una de las dificultades que más está afectando al sector es la presión de las grandes distribuidoras sobre las empresas que transforman la leche. «Compran una gran cantidad, pero exigen precios casi por debajo del coste de producción», explican fuentes vinculadas a la industria láctea
Bajo estas condiciones, ¿qué explotaciones podrán atravesar la crisis con mayores garantías? Los expertos del sector aseguran que, en líneas generales, las granjas con más de 500.000 kilos de cuota son las que pueden sortear mejor este escenario complicado, pues consiguen un precio del litro más bajo y por lo tanto aún mantienen cierto margen de ganancia. Las explotaciones pequeñas, que dependen de una sola familia, también parten en las mejores condiciones para subsistir, ya que tienen pocos gastos fijos y no necesitan pagar las vacaciones y los salarios de los empleados.