Brión recuerda desde hace 20 años como en el 1800 vencieron a las tropas inglesas
24 ago 2009 . Actualizado a las 11:57 h.Echar las anclas de cien navíos en las playas de Doniños y San Xurxo y caminar monte a través carretando los pesados cañones de la época para plantar la bandera británica en Ferrol no era buena idea. Y los atrevidos ingleses se percataron de su error un 24 de agosto del año 1800. En esa fecha comenzó la conocida como Batalla de Brión, que escenifican desde hace ya dos décadas el Club Montaña Ferrol y los peleones vecinos de esa parroquia.
Cada año, cuando se acerca la fecha de la conmemoración, los dos bandos se preparan para la afrenta. Y aunque todos conocen cual será el resultado final, la cita todavía conserva la posibilidad de sorprender con grandes dosis de humor.
Bien temprano para ser domingo, los que hacen de ingleses se montaron ayer en una lancha en el muelle de Curuxeiras con destino al castillo de San Felipe. Es el punto de partida. Explica Xan Ramírez, presidente del club organizador, que se trata de «recorrer os sitios fundamentais da batalla». Desde el fortín del siglo XVIII, un verdadero caramelo para los soldados de bandera británica, comienza un trayecto de 12 kilómetros que no dudaron en recorrer varias decenas de combatientes.
La primera gran parada es en Monteventoso. Desde esa atalaya, cuenta la historia que los vigías contemplaron antes que nadie cuáles eran las intenciones de los ingleses y corrieron a la ciudad a avisar. Hasta allí, los caminantes habían recorrido «unos nueve kilómetros», según un voluntario de apoyo de protección civil que realizó la ascensión en bicicleta.
Primera defensa, el tábano
Los que hacían de británicos se encontraron con la primera arma defensiva, el ataque de los tábanos. «Cuidado, que pican fuerte», se alertaban entre ellos. «Es que hay caballos», justificaba otro la presencia de los insolentes dípteros. Allí, en Monteventoso encontraron una parada de avituallamiento para reponer fuerzas antes de emprender el último repecho hacia el monte de Brión, en donde se registró la batalla. Y no faltaron críticas hacia la situación del antiguo observatorio: «Dende que se desafectou, é unha ruina», comentaba uno. Y eso que «é o mellor mirador de toda España», ilustraba otro.
En efecto, la pista de acceso a la zona es impracticable y el edificio, totalmente expoliado y ruinoso, está lleno en su interior de heces de caballo y restos de alguna que otra fiesta privada. Nada más atractivo que eso para atraer a los temidos insectos.
Probablemente no se encontraron con ese problema los británicos aquel 24 de agosto de hace dos siglos, pero lo que seguro que sigue en su sitio son las empinadas cuestas que hay que sortear hasta llegar al destino. Aunque alguno se resistía ayer a reconocerlo: «Vamos bien, solo nos falta la cerveza», apuntaba un escocés con una bandera en la que rezaba el lema de «Inglés escocido». La historia cuenta que es así como acabó su incursión. Por si acaso, continuaron su caminata hasta encontrarse con un muro de campesinos armados únicamente con sus aperos de labranza y dispuestos a hacerles frente.
Una avanzadilla de niños del bando atacante invitó a los de Brión a rendirse: «Respetaremos sus vidas y, además, la reina trae whisky para todos». Pero no hubo acuerdo hasta que cruzaron armas y una vecina convidó a compartir una comida campestre, con «unhas empanadillas e un pouco de bola», música y repichoca para olvidar sus disputas, al menos, hasta el año que viene.