Aunque caminan parejos en algunos aspectos, en términos de población la evolución de Ferrol y Narón es claramente antagónica. La urbe naval arrastra desde los años noventa un acusado descenso de vecinos que, a la postre, en el 2004 le obligaron a ceder su posición como sexta ciudad más poblada de Galicia en favor de Pontevedra. Ferrol baja pero su municipio vecino sube un escalón. Los datos provisionales del Instituto Nacional de Estadística (INE) a 1 de enero del 2009 convierten a Narón en el octavo municipio gallego superando a su eterna rival, Vilagarcía de Arousa.
Como ejemplo de esta evolución dispar, las cifras de población reflejan que el municipio ferrolano perdió desde el 2002 4.833 habitantes, casi tantos como los que ganó Narón en un único año, del 2002 al 2003.
La línea demográfica de Ferrol empieza a caer en picado a principios de la década de los noventa, con una pérdida en términos globales de casi diez mil habitantes. El mayor varapalo lo encaja la ciudad naval en el 2008, cuando de forma oficiosa se queda por debajo de la simbólica cifra de los 75.000 ciudadanos, algo que no ocurría desde hace medio siglo, a finales de la década de los cincuenta. Entonces Ferrol era la tercera ciudad gallega, después de A Coruña y Vigo.
La aspiración de Narón pasaba por librar la pugna con Vilagarcía erigiéndose como vencedora -como así ha sido a la espera de que se resuelvan las alegaciones- y alcanzar en el horizonte de unos diez años los 50.000 habitantes. Si se mantuviese el ritmo de crecimiento experimentado en los últimos años, unas 700 altas por ejercicio, sería posible lograr ese guarismo. Sin embargo, desde el Concello de Narón ya han manifestado que con la crisis y el parón de la construcción aventuran un aumento poblacional más discreto.
Explicaciones
A la hora de buscar culpables de la depresión demográfica de Ferrol, que no se ha dado en ninguna de las otras ciudades gallegas, surgen varias explicaciones. Entre ellas, las reconversiones, los altos indicadores de desempleo o la lenta tramitación de algunos proyectos claves para el despegue de la ciudad, como la puesta en marcha del polígono industrial de Leixa.
A diferencia de Narón, donde gobierna un mismo partido desde hace más de dos décadas, Ferrol se ha visto salpicada por gobiernos de todos los colores políticos que en la mayoría de los casos han dejado la alcaldía en apenas un mandato. Esta inestabilidad en el Concello refleja en cierta medida un desencanto de la población, que ha recurrido muchas veces al éxodo.
Sin embargo, no se puede concluir que todos los habitantes que pierde Ferrol elijan Narón como ciudad dormitorio. Por ejemplo, del 2007 al 2008 se borraron de la urbe naval un total de 485 empadronados, y el municipio vecino ganó 763. Los hay que emigraron a otras ciudades y los hay que desaparecieron por el envejecimiento poblacional.
La evolución de Narón ha sido espectacular. A principios del siglo XX, era un municipio rural de apenas 8.000 habitantes. Además de atraer, con precios de viviendas muy baratos, a los desencantados ferrolanos, ha conseguido desarrollar una potente red industrial y empresarial, capaz de crear cuantiosos puestos de trabajo. Solo en el polígono de Río do Pozo, el tercero de mayor extensión de toda Galicia, genera más de 7.000 empleos.
A esta coyuntura empresarial hay que añadir un bum urbanístico sin precedentes, a razón de unas mil licencias por año.
Al final, naroneses de nacimiento quedan pocos. Solo uno de cada tres censados en el municipio es natural del Concello de Narón.