Pontedeume duplica en los meses estivales población y problemas; cuatro auxiliares apoyan la labor de los agentes municipales hasta septiembre
20 ago 2009 . Actualizado a las 11:45 h.El verano los ha convertido en pareja de hecho... en su puesto de trabajo. De cada tres días, pasan casi uno entero juntos, convertidos en los guardianes de la seguridad y el orden de Pontedeume. Uno, ya veterano, con una de sus cuatro décadas de servicio. El otro, de solo 21 años, repite por segunda vez este verano como auxiliar, aprovechando el tiempo que otros pasan en la playa para terminar su formación y poder optar al puesto que durante cuatro meses ocupa de forma provisional. Son Juan Carlos Vázquez Méndez y Alberto Corral Bahamonde, un turno completo de la Policía Local eumesa y un equipo representativo del conjunto de nueve agentes que entre junio y septiembre se encargan de controlar la villa de los Andrade.
Para el aspirante, trabajar en verano es «una buena oportunidad para ver cómo es el trabajo de policía en un ayuntamiento pequeño». ¿Y cómo es? Juan Carlos responde raudo: «Muy diferente que en una ciudad. Aquí te cae todo encima: lo mismo vas a un accidente, que tienes que hacer un informe de medio ambiente, atiendes un problema de orden público o regulas el tráfico. Un sinfín de funciones», resume. Sobre todo, en un municipio turístico que duplica su población al llegar las vacaciones.
El peor problema derivado, sin duda, es el tráfico. Los atascos que se forman en el tapón de los semáforos del puente y el desvío hacia las Fragas do Eume traen de cabeza no solo a vecinos y visitantes. También a los policías, que se ven desbordados para atender el caos de tráfico y las demás urgencias e impotentes ante las quejas de los conductores. El punto negro son los accesos a la playa de Ber en hora punta, una zona más conflictiva en verano. Allí pueden congregarse hasta medio millar de coches. Los sábados, el feirón complica todo un poco más.
Un día muy largo
Una jornada normal comienza temprano. El día de servicio empieza a las 06.30. A esa hora los policías cogen el equipo y el vehículo y media hora después inician una ronda por el casco urbano, «a ver si no rompieron mucho», alude. Después, vuelta a las oficinas a acabar informes y atender «lo que surja». Hacia las diez de la mañana, toca ruta por la plaza do Conde, próxima al mercado y lugar de infracciones seguras en áreas de carga y descarga y zona azul. Durante el resto del día se compagina la regulación de tráfico con los imprevistos que puedan surgir. Así, hasta las 21.30.
Durante esas quince horas, viven pegados al móvil. El mismo que el pasado martes interrumpía esta conversación. Hay un vecino que alerta de una sardiñada en plena calle Irmandiños. No hay tiempo ni para acabarse los macarrones. Quizá más tarde... si Pontedeume se lo permite. En octubre, Alberto volverá a dedicarse en pleno a preparar su oposición y Juan Carlos volverá a reencontrarse con su pareja de invierno.