Cuando la ciencia deja de ser pura doctrina metódica y se convierte en una pasión, la investigación de la zoología marina requiere vivir aventuras propias de un Jacques Cousteau, como pasarse dos meses a bordo de un barco, sin pisar tierra, en compañía de científicos de todo el mundo para estudiar las cuencas abisales de Brasil y Argentina. Guillermo Díaz Agras, investigador de la Estación de Bioloxía Mariña de A Graña, embarcó el pasado 9 de julio en el Meteor, un buque alemán del Gobierno de este país dedicado única y exclusivamente a trabajos científicos en el Atlántico Sur. Desde estas lejanas tierras, casi a la altura del Ecuador, este ferrolano de 33 años nos cuenta por correo electrónico -la única manera que tienen de comunicarse, la conexión es por satélite, así que solo disponen de acceso a la Red en algunos momentos del día- cómo está discurriendo la aventura. Guillermo, Willy, como le conocen sus amigos, es el único científico español del Meteor, donde trabaja codo con codo con alemanes, un polaco, un francés y un ruso. «El idioma en el que nos comunicamos es el inglés, pero con una gran cantidad de gestos y señales, lo que muchas veces resulta muy divertido», afirma.
El sistema de trabajo que siguen en el Meteor requiere jornadas maratonianas y disfrutar también de horas libres. Willy explica que para recoger muestras de animales de las cuencas abisales se utilizan cinco tipos de dragas. Los 29 científicos del buque se han dividido en cinco equipos, uno por aparato. «Yo estoy en el de la trineo epibentónico y también echo una mano al de las trampas para anfípodos, pequeños crustáceos, tipo pulga de playa», explica. En una jornada normal, el equipo del ferrolano llega a acumular 26 horas de trabajo ininterrumpido. De esas, ocho son de espera ya que la draga tarda un largo tiempo en subir a bordo procedente de 6.000 metros de profundidad. Para recuperarse, el día siguiente toca jornada libre. «Duermes unas cuantas horas, lees o escribes unos correos y a dormir otra vez para trabajar al día siguiente», relata. También se desarrolla trabajo en los laboratorios del buque: «A los dos días de coger las muestras las empezamos a separar bajo las lupas y microscopios y a hacer las primeras fotos de los animales». Como no existe la posibilidad de bajar a tierra a distraerse de alguna manera, las alternativas lúdicas se presentan a bordo: «En donde más se entretiene la gente es en un campeonato de ping pong por parejas». El resto del tiempo Willy lo emplea en «escribir algo de la tesis, hacer la colada, leer...». La morriña empieza a hacer mella en el ferrolano. «Cada día crece un poquito más, así que lo que más se agradece a bordo son los correos electrónicos de mi novia y familia que son el mejor remedio para combatir la nostalgia». Exitosa campaña. Para hablar de resultados científicos aún es pronto, «las muestras hay que procesarlas al llegar a tierra y estudiarlas en el laboratorio», pero el investigador de Ferrol asegura que a primera vista «ya se han descubierto lo que parecen varias especies nuevas de varios grupos». Explica que la cuenca abisal de Argentina «es la más rica en cuanto a biodiversidad y abundancia, que va disminuyendo según vamos al norte». Dentro de más de una semana, el día 23, el Meteor atracará en las Azores para poner fin a la campaña y a dos meses de trabajo. Cómo termina esta historia nos lo tendrá que contar el propio Willy en persona. Buen viaje de vuelta. Campeonato de fotografía submarina. El Club do Mar Ferrol, la Federación Española de Actividades Subacuáticas y el Patronato de Deportes organizaron en punta Coitelada, a una profundidad de veinte metros, un campeonato de fotografía submarina puntuable para el certamen de España. La climatología fue estupenda, ya que permitió una buena visibilidad. Participaron un total de diez parejas de los clubes O Punta, Arosa, San Amaro, Sotavento, Bahía Sub y Club do Mar Ferrol. Al término, los asistentes tomaron un pincho en las instalaciones de A Cabana.