Aunque la Xunta inició hace dos años su recuperación, el fortín aún necesita cuidados; los tendrá en otoño, cuando comenzará la segunda fase de las obras
05 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Narahío se parece mucho a uno de esos castillos de postal de Escocia. Levantado en lo alto de una inmensa roca, su silueta se corta contra el cielo en medio de una exuberante vegetación, y a sus pies, como si de un lago se tratase, el río Castro forma un apacible embalse antes de caer en cascada. Sin embargo, esta fortaleza medieval de San Sadurniño vinculada a la casa de Andrade -y levantada a comienzos del siglo XIV, según los folletos turísticos de la zona- ofrece también algunos puntos negros que no se dan en los fortines escoceses.
Nada más llegar, en el aparcamiento del castillo -situado justo a sus pies-, el visitante se encuentra con un contenedor en el que han sido abandonados varios muebles y un televisor, así como con un claro ejemplo de feísmo gallego: una casa cerrada a cal y canto, con algunas partes de sus muros sin recebar y con barandillas y puertas de aluminio. Además, un cartel en el que se informa de que el castillo está en obras prohíbe el acceso a la fortaleza, por lo que el visitante se queda con las ganas de saber qué esconderá entre sus muros.
Pero lo que resulta más sorprendente es que esas obras del cartel acabaron hace ya dos años, y a pesar de ello, allí continúa un enorme tubo de escombros, afeando el lado del castillo que mira al margen derecho del río Castro. Sin embargo, y a pesar de las desfeitas que se encuentran nada más llegar, la imponente belleza del castillo y el impresionante paisaje que lo rodea hacen que el visitante se reconcilie enseguida con Narahío. Y más aún cuando, tras llegar al final del paseo que bordea el río y cruzar su cauce, se asciende hasta un mirador desde el cual la vista de la fortaleza resulta sobrecogedora.
Por si eso fuera poco, la zona cuenta con un área de esparcimiento con juegos para niños y bancos y barbacoas para los mayores, y además, desde ahí mismo, los más aventureros pueden emprender el camino de dos rutas de senderismo: una de 13,6 kilómetros que lleva al castillo de Moeche, y otra de 18,7 que llega a O Pazo.
Otra buena noticia es que Narahío va a seguir mejorando, porque, tras haberse ejecutado una primera fase de obras en el 2007, la Xunta tiene previsto iniciar la segunda el próximo mes de octubre. Los trabajos cuentan con un presupuesto de 300.000 euros y consistirán en la toma de datos y consolidación de los muros de la fortaleza.
El castillo, con un porte y unas dimensiones espectaculares, bien se merece ese mimo. Y algunos más.