En verano, la lancha de Mugardos cruza la ría dieciocho veces al día; a bordo de la nave, Francisco se ocupa del timón y Fernando atiende a los pasajeros
30 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Francisco Pérez y Fernando Serantes son dos lobos de mar. El primero lleva trabajando a bordo de pesqueros, lanchas y barcos mercantes desde que tenía 17 años. El segundo se enamoró del vaivén de las olas hace mucho menos tiempo, pero ahora ya no sabe vivir sin él.
Los dos navegan juntos estos días a bordo del Rías Altas Uno, la embarcación que da servicio de los turistas que se animan a diario a surcar la ría ferrolana: el primero, Francisco, lo hace como patrón, llevando el timón; mientras que el segundo, Fernando, está enrolado como «marinero, cobrador y lo que surja en cada momento», asegura.
Desde principios de este mes, la lancha de Mugardos lleva a cabo 18 proyectos entre Ferrol y la villa del pulpo. Desde las once de la mañana hasta las nueve de la noche, su casco surca la ría, de banda a banda, mostrando al visitante el corazón de la bahía.
Son 13 horas de trabajo, en las que Paco y Fernando no se separan él uno del ni un momento. «Tenemos poco más de una hora de descanso al mediodía, así que, como no nos merece la pena volver a casa a comer, nos vamos juntos a La Abundancia, un mesón estupendo del muelle que siempre hace honor a su nombre», explica el patrón del Rías Altas Uno esbozando una sonrisa.
Buena temporada
Aunque, como dice Francisco Pérez, «la mar es dura» -además de «mala mujer», como reza la copla-, el trabajo a bordo de la lancha «se lleva bien». «Este año no hay queja y, a pesar del tiempo, está viniendo bastante gente; los cruceros de los sábados con cena incluida han sido un gran éxito», añade muy amable Fernando Serantes a continuación.
Un croata y un aborigen
Según explican los dos trabajadores, quienes más se suben a la lancha estos días son turistas procedentes del País Vasco, Cataluña y Levante, aunque en ocasiones también se puede ver a algún que otro extranjero. «El otro día tuvimos a un croata y ayer [por el martes] nos vino un aborigen de Australia, que nos llamó la atención muchísimo por sus tatuajes», apunta Francisco mientras apura un cigarrillo poco antes del primer servicio de lanchas del día.
Todos ellos suben a bordo para disfrutar de un crucero que dura diez minutos, a lo largo de trayecto de unos mil metros de distancia.
¿Lo que más les gusta de la experiencia? «Pues sobre todo, las vistas; y al llegar a Mugardos, el pulpo», explica el patrón de la embarcación Rías Altas Uno.
Además, los niños se lo pasan de lo lindo husmeando en la cabina de mando de la embarcación. «Quieren ver el timón, comprobar cómo se maneja, y yo se lo enseño, claro, porque les hace ilusión y porque yo también fui niño una vez», dice Paco, un aresano nacido en Chanteiro y vecino de Cervás.
Fernando es de Pontevedra, pero siendo joven llegó a la ciudad de Ferrol para hacer la mili. Y ya no se marchó.
La culpa la tuvo el amor por su mujer, con la que se casó hace ya treinta años, y el trabajo. Antes de emplearse en las lanchas, Fernando llevaba un camión para una empresa auxiliar de Astano. «No estaba mal, pero yo prefiero esto mil veces; me encanta el mar».
Mareos ocasionales
Con tanto bagaje marítimo a sus espaldas, es de suponer que Paco y Fernando nunca se marean. Pero no es así. «Algunas veces sí que nos mareamos, y mucho... ¡pero en tierra firme!», exclama el segundo entre risas. La conversación tiene que llegar a su fin, porque el Rías Altas está a punto de zarpar. Con Paco y Fernando a bordo. Esos dos lobos de mar.