Una envenenada invitación a correr

FERROL

La VG 1.2 es una de las antiguas «vías rápidas» de la Xunta dotadas de una estética que imita la de una autopista, pero mucho menos seguras para pisar el acelerador

30 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

La VG-1.2 llama a pisar el acelerador. Su estética recuerda a una autopista. Especialmente su señalización, que es prácticamente igual a la de la AP-9, pero con fondo verde en lugar de azul. Esos adornos son en realidad un «quiero y no puedo», porque por la VG-1.2 ni se puede ni está permitido circular como por la AP-9. La carretera es un producto de finales de la era Fraga, cuando proliferaron las «vías rápidas». Una denominación pretenciosa, porque la velocidad máxima son 100 por hora, condenada por incitar a pisar demasiado el acelerador y suprimida definitivamente por la Xunta bipartita, que las bautizó como VG, «Vía Galega».

La más funesta y conocida de aquellas vías «rápidas» hoy «galegas» es la del Barbanza, en la que han muerto más de 60 personas, 33 de ellas en solo cinco años. La VG-1.2 en la que perdieron la vida Lidya Teijeiro y Marcos Rodríguez no alcanza ni de lejos semejantes cotas de siniestralidad, y las autoridades niegan que registre accidentes en exceso, pero aún así no parece un paraíso para conducir.

La vía tiene 6,5 kilómetros, en los que se acumulan tres rotondas sobre paso elevado y una bifurcación cerca de la planta de gas. El accidente ocurrió en el kilómetro 1,1 justo al dejar atrás la primera rotonda, que comunica la vía con Maniños y Limodre, y casi al lado de los carriles de incorporación y salida de la misma. Aparentemente, el tramo no es complicado. Es una recta entre dos grandes muros de hormigón que sirven de soporte a la rotonda y a los carriles de incorporación y salida.

Un tramo complicado

El Ford de Lidya viajaba en dirección a Mugardos. Siguiendo sus pasos, su coche llegó a la recta entre muros tras recorrer una larga curva con pendiente en descenso. La limitación de velocidad imperante en todo el tramo es de 100 por hora, pero es fácil superarlos por la cuesta abajo, que acaba después de que se abra a la derecha el carril para subir a la rotonda y enlaza directamente con otra ligera pendiente cuesta arriba.

El impacto debió producirse apenas unos metros después del paso bajo la rotonda. Es un punto complicado, porque los muros limitan casi por completo cualquier maniobra para esquivar un coche que venga en sentido contrario ya que roban espacio al arcén normalmente ancho de la vía. Paradójicamente, en ese punto está permitido adelantar en ambos sentidos. A pesar de la presencia de los muros y de que a pocos metros, en ambas direcciones, hay carriles de incorporación y salida de la vía.

Es más, los conductores que circulan en el mismo sentido que lo hacía Lidya pueden iniciar legalmente un adelantamiento poco antes de que termine la curva cuesta abajo. Así lo indican las marcas viales.

Lo mismo ocurre con los conductores que viajen en la misma dirección que lo hacía Marcos Rodríguez. También pueden iniciar el adelantamiento poco antes de llegar a la rotonda.

Demasiadas circunstancias

El resumen es que hay muchos elementos en poco espacio. En apenas cien metros se acumulan: una curva suave, pero larga; la confluencia de dos pendientes, dos carriles de incorporación y dos de salida, un paso entre muros y tres cambios en las marcas viales que permiten adelantar a quienes circulen en una dirección, en la contraria y en ambas. Todo en una vía con velocidad máxima de carretera nacional normalita, pero con pretensiones estéticas de autopista y nombre con denominación de origen. Quizá ninguno de esos elementos influyó en el accidente, lo determinará Tráfico, pero parecen demasiados.