Abanderando la figura de Abelardo Miguel, María Fidalgo (Ferrol, 1964) ganó el Premio de Investigación Concello de Pontedeume. Sitúa al pintor a la altura de pintores como Laxeiro, Seoane o Llorens, pero a diferencia de ellos, sin su reconocimiento. «Su gran delito fue querer quedarse en Pontedeume. Pues sí, ¿y qué?», se pregunta. «Sin saberlo, era un teórico de la pintura», añade. «Era completamente gallego y a la vez, totalmente universal», defiende. Además, cree que tampoco contó con el apoyo del gremio: «Otra cosa que le perjudicó es que los críticos solo tenían ojos para el vanguardismo». El caso es que Abelardo Miguel López Leira (Pontedeume, 1918-1991) es un pintor prácticamente desconocido.
Y como él, algunas de sus obras permanecen en el más completo abandono. Una de ellas, es la pintura mural que hizo para la Cooperativa de Castro, un local situado en la carretera de Cedeira y cuyo interior guarda aún pinturas murales. Ahora reivindica la recuperación de esas obras. Y también, que se encuentren unos cuadros suyos que el Ayuntamiento de Ferrol extravió hace varias décadas.
Catálogo
Además, Fidalgo se ha marcado el objetivo de catalogar la obra completa del pintor. «¡Hay tanto por estudiar...!», exclama. Por eso hace un llamamiento a las familias que tengan en su hogar obras del pintor eumés para que lo pongan en su conocimiento. Y a las autoridades ferrolanas pide que el Centro Cultural Torrente Ballester albergue «la gran exposición antológica que le debe» por su relación con la ciudad.
Mientras tanto, los interesados pueden contemplar alguna de sus obras en el cuadro colgado en el Café Tupinamba, en la calle de la Iglesia, y en Cazadores, en la Magdalena.