«Non sei que sería de min se non viñeran cada día»

R.P.P.

FERROL

21 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Menú para el fin de semana: choupas con arroz en blanco y pollo con almendras y patatas cocidas, dos platos fuertes que los usuarios como Andrés Mosquera Figueroa, de 70 años enfermo de párkinson y vecino de Bustelo (Mandiá), comenzó a degustar ayer. Gracias al microondas, hoy tendrá también un plato caliente sobre la mesa. Las grandes ollas de la cocina de Dignidad dejaron de echar humo al mediodía. Cada día a esa hora comienzan a envasarse en recipientes térmicos los menús y se preparan las bolsas, cada una con el nombre de su destinatario. Pan, natillas y una fruta acompañan a los platos y completan una dieta que también se prepara sin sal y sin grasas para diabéticos y personas con colesterol.

A las 12.30 los menús comienzan a salir y un cuarto de hora después llegan a los primeros destinatarios de la ruta. Como desde hace dos años, Andrés abre la puerta y recibe la mercancía. No pone pegas a nada: «Está moi bo. Gústame todo o que traen», asegura. Vive solo en su casa unifamiliar desde que murió su madre, hace un cuarto de siglo. Después de una vida laboral llena de vicisitudes en la que fue militar y pintor, ahora su actividad física se reduce a los paseos que le permite su limitada movilidad.

Todavía es capaz de prepararse por sí mismo una cena ligera, pero afirma que «non sei que sería de min se non viñeran cada mediodía». El servicio, añade, «axúdame moito». No solo la comida, sino las visitas del personal, que comprueba su estado de salud -de su dieta diaria forman parte una docena de pastillas-, le dan conversación y vida. En Navidad comerá con un hermano. A los demás usuarios les llegará sobre ruedas un menú especial.