Mella alcanzó la fama con su bajo y ahora su hijo le sigue el rastro en los escenarios
21 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Alfredo Mella es historia viva de la música ferrolana. Y muy a su pesar -«porque este mundo es duro y poco estable», advierte muy serio el bajista-, su hijo Marcos ha querido seguirle los pasos.
Este padre y su hijo han vivido siempre muy pegados al escenario. Alfredo, que se retiró hace apenas un año, fue uno de los fundadores de Los Sprinters, un grupo mítico de Ferrol que empezó a grabar discos a finales de los años 60, y que, ya en los 70, alcanzó la fama acompañando a Andrés Dobarro en sus actuaciones. «Era muy buen rapaz, muy sencillo y todo un número uno», dice Mella al recordar al artista que se atrevió a cantar en gallego en pleno franquismo.
Con Dobarro, Los Sprinters no solo grabaron muchos temas (entre ellos, San Antón , Corpiño xeitoso y, por supuesto, el famosísimo O tren ), sino que también rodaron la película En la red de mi canción , en la que se codearon con artistas como Concha Velasco o Rafaela Aparicio. Además, durante algún tiempo, Mella y sus compañeros de la banda vivieron muy cerca de Dobarro en Madrid, donde Juan Pardo -que «era lo máximo, muy buena persona y muy buen amigo»- llevaba la producción de sus discos.
«Fue una época muy bonita», dice Alfredo al regresar a aquellos tiempos con la memoria. Sin embargo, al hacer balance, dice que para él la mejor etapa no fue aquélla, sino la que vivió junto a Los Sprinters antes de unirse a Dobarro, entre los años 67 y 70, cuando en Ferrol la música se vivía de forma «muy intensa» y había un montón de lugares en los que tocar, «como el Bambú Club, el parque, Breogán....».
Y también guarda gratos recuerdos Mella de la etapa en la que Los Sprinters, tras dejar a Dobarro, se transformó en una orquesta que estuvo dando guerra durante la friolera de 34 años. Ahora que lleva un año alejado de los escenarios, Alfredo cuenta que los echa de menos, pero, sin embargo, no se los recomienda a su hijo. «No es que no me guste que sea músico, porque es una profesión bonita, lo que pasa es que creo que en estos tiempos es muy difícil vivir de ella», advierte Mella.
Pero enseguida reconoce que su hijo tiene madera. De él alaba su gran tesón, la voluntad para convertirse en un autodidacta -«porque todo lo que sabe lo aprendió él solito», advierte Alfredo- y también su capacidad para escribir «letras preciosas», «hacer buen pop» y tener un «estilo muy personal».
Marcos, que ahora viaja en solitario tras hacerlo durante varios años junto a Texarcana y El último gato, le devuelve los cumplidos. «Mi padre era muy buen bajista... Y de Los Sprinters, ¿qué podría decir? Pues que eran buenísimos... ¡Ni más ni menos que los Beatles ferrolanos!».
Llegan las despedidas, y el joven Mella, para terminar, reivindica su derecho a soñar: «Yo no quiero ser famoso ni nada de eso; lo único que deseo es hacer lo que me gusta... Y eso es sin duda la música».