Perforador del túnel de As Forcadas

R. L.

FERROL

Hoy continúa demandando del Concello un reconocimiento público a su labor: «Penso que ben o merezo -dice- despois de facer que chegase a Ferrol a auga»

16 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Frente a la muy vieja costumbre de reclamar en privado premios, honores y reconocimientos varios para decir después en público que con todas esas frivolidades uno no tiene nada que ver, Jesús Fernández López afirma directamente, y bien alto, que él cree que el Ayuntamiento de Ferrol sigue teniendo una deuda con él. «Eu penso que ben o merezo despois de facer que a auga chegase a Ferrol; teríanme que dar algo. ¿Unha insignia ou o título de Ferrolán do Ano...? Non sei. Penso que a medalla da cidade sería mellor». «Xa llo fixen saber tamén a este alcalde -cuenta-; e a Beatriz Sestayo. A ver que pasa...». De hecho, ya cuenta incluso con el respaldo, para sus demandas, de una asociación vecinal. Concretamente con el de la de Recimil, que en septiembre del pasado año dirigió un escrito oficial al Concello reclamando esa distinción: «Habiendo visto el curriculum de Jesús Fernández López, como encargado de la plantilla que horadó la montaña entre As Forcadas y Valdoviño, salvando así una frontera natural que impedía la llegada de la traída del agua a Ferrol por la propia fuerza de la gravedad, esta junta directiva -señala textualmente el escrito, en cuya copia consta el sello del registro municipal- acuerda proponer al citado señor ante el Excelentísimo Concello y en reconocimiento a su persona de todos los profesionales que realizaron aquella obra de ingeniería de la que hoy disfruta la mayor parte de la comarca, y que resulta ser una de las bases esenciales de la convivencia y salubridad adecuadas a la sociedad del bienestar que hoy disfrutamos, como candidato a la medalla de plata de la ciudad».

Pero más allá de la medalla (o de la no medalla), lo cierto es que en torno a Jesús -y también, por supuesto, en torno a cuantos trabajaron a su lado- hay toda una historia que, al margen de anécdotas, no debería quedar precisamente en el olvido. Y que quizás solo su empeño en reclamar lo que cree que le corresponde ha logrado mantener viva. Esa historia es la que sigue: comenzaba la década de los años 60, ya se entiende que del pasado siglo, cuando el monumental proyecto destinado a suministrar agua a toda la ciudad de Ferrol se encontró con una dificultad técnica que en algún momento pareció poco menos que insalvable: concectar el embalse construido en As Forcadas para recoger el agua que la ciudad precisaba, con la red de tuberías y canales que la traería hasta Ferrol, donde los depósitos ya esperaban... sin suministro.

Contra las montañas

Fue necesario perforar unos dos kilómetros de montaña entre el propio embalse y la zona de O Cameleiro, para poder llevar el agua del pantano hasta la red. Pero el terreno cedía constantemente. Eran dos docenas de hombres que, relevándose en tres turnos, trabajaron durante cuatro años (entre 1961 y 1964) de forma interrumpida; con Fernández, experto en voladuras y en perforaciones, al frente de todos ellos.

«Uno de aquellos trabajadores falleció («Un home que era de Vilaboa, aínda recordo coma se fose hoxe mesmo o momento no que me viñeron buscar para dicirme que morrera», dice Jesús). Entre los demás, que junto a Fernández se enfrentaron a situaciones del máximo peligro constantemente, los accidentes se convirtieron en una constante. Aun así, no hubo más muertos («Brazos e personas rotos si que había, pero morrer non morreu ningúen máis», apunta el capataz). Las zonas de cuarzo multiplicaban ese peligro. Pero todavía más las de pizarra, «que cedían moi facilmente». Finalmente, tras cuatro años de trabajo, en 1964, el túnel estuvo abierto. Y el pantano de As Forcadas pudo comenzar a suministrarle agua a Ferrol.

«O noso túnel -explica el capataz- foi en principio para traerlle auga a Ferrol, que tiña moita falta dela porque a que viña do Belelle non chegaba para darlle servizo a tanta xente. Pero hoxe segue traballando e xa non se serve del só Ferrol, senón que por el sae o suministro que vai tamén aos demais concellos da ría, e iso tíñano que ter un pouquiño en conta, ou alomenos así é como eu penso».

El túnel en cuestión, cuya mera visión, comenta él, paralizaría a cualquiera que padezca de claustrofobia, tiene 1,8 metros de sección y dos metros de alto. Y Fernández, con la perspectiva que le aporta el casi medio siglo transcurrido desde su apertura, no deja de pensar ahora que durante su horadación pudo producirse -con todos ellos bajo tierra- la mayor de las catástrofes.

«¿Que como traballabamos daquela...? Pois perforando con martelos neumáticos e usando dinamita para podernos abrir paso -relata-. O aire que necesitabamos para respirar alí bombeábanolo desde fóra, usando compresores para empuxarlle».

Reconoce que, en algún momento, llegó a pensar que la obra no podría terminarse: «É que a cousa foi moi complicada, moi e moi complicada...». Pero al final, a la vista está, y después de tantas penurias, lograron acabarla. «Cando a rematamos -recuerda- no Concello de Ferrol querían que me quedase a traballar con eles, metíanme alí, pero eu díxenlles que non. Volvín marchar fóra, que era onde máis gañaba». Con Iberduero. Al Salto de Villarino. Que era, por cierto, el más grande de España.