El precio del caballo de raza gallega se reduce a la mitad del que tenía hace diez años

X.?M.?P.

FERROL

07 oct 2008 . Actualizado a las 11:49 h.

Criar un caballo de raza gallega puede implicar, como apoyo a la recuperación de esa especie, la consecución de ayudas de 120 euros anuales por cada animal adulto, con una edad superior a dos años. Sin embargo, el movimiento económico que se puede lograr apenas supone un estímulo para los ganaderos, dado que los precios actuales apenas son la mitad de los que se pagaban hace diez años.

Un animal se cotiza hoy a unos 60 euros, en tanto que hace una década, antes de la implantación del euro, llegaban a pagarse a 15.000 o 20.000 pesetas. Esas cifras fueron aportadas por la Asociación Pura Raza Galega, que cuenta con dos años de existencia y cuyos integrantes, unos 200, se reparten por toda Galicia.

Concellos como Muras -con una importante cabaña de ganado de monte-, As Pontes y Ortigueira, así como algunos municipios de A Mariña lucense, aportan un importante número de socios. Según el secretario de Puraga, Agapito Rodríguez, entre esos ganaderos, se percibe una sensación de desinterés procedente de los compradores, que en algunos casos, al comentarles el deseo de venderles algún animal, ni se molestan en acercarse a ver las condiciones del caballo. «É o que hai», dice Rodríguez, que admite que la cría de caballos nunca ha sido un negocio tan rentable como otros pero que ahora está en niveles muy inferiores a los habituales.

La falta de salidas en el mercado de carne parece la razón de esos precios bajos. Los 60 euros que cuesta un animal equivalen, según Rodríguez, a un euro por kilogramo: «Non é nada», dice. Y la causa, explica, está en el escaso interés en el consumo de esa carne, que se refleja en la casi nula presencia del producto en carnicerías.

Menor coste

Una difícil situación económica como la de estos meses no parece ser, de acuerdo con los afectados, la responsable de la situación. Rodríguez opina más bien que incluso podría estimular el consumo, dado que el precio de esta carne es inferior al de otras, como la de ternera.

Lo que puede influir, afirma, es la falta de control sanitario de algunas reses caballares, aunque subraya que dentro de la asociación hay un alto nivel de vigilancia: los caballos se someten a desparasitación dos veces al año y están anotados en un libro de registro. Además, para cobrar las ayudas que se conceden a los que crían estos animales es preciso someter a las reses a una prueba de ADN que certifique que son hijos de caballos y de yeguas de raza gallega.

Por otro lado, los bajos precios parecen ayudar a generar una sensación de desánimo en el sector. Ferias como la del potro celebrada hace unos días en A Gañidoira (Muras) tuvo menos ventas que otros años. La gente está «completamente desilusionada», aseguró el alcalde, Issam Alnagm que, pese a todo, sigue dispuesto a seguir trabajando en la organización del certamen, de cuya preparación se encarga el Concello.

La feria se organiza para ayudar a los ganaderos a vender, y esa intención del Concello, como confirmó ayer, se mantendrá como hasta ahora.

Domésticos

Sin embargo, las situaciones en áreas tan próximas como el occidente de Lugo y el norte de A Coruña son muy diferentes. Mientras que en municipios lucenses como Muras los montes comunales y privados son algunos de los escenarios habituales de estos animales, donde decenas de caballos suelen pastar en una extensión aproximada de 600 hectáreas, en la comarca de Ferrolterra y la sierra de A Capelada -en núcleos como Ortigueira-, las cabañas no son de ganadería extensiva, y los ejemplares se dedican, sobre todo, al ámbito doméstico, con hasta tres caballos.

No obstante, tanto en la provincia de Lugo como en A Coruña, las rapas que se efectúan durante el verano en diversos lugares de Galicia, con A Capelada o A Mariña como claro reflejo de ese fenómeno, son también un escenario en el que se pueden ver animales de estas características