Media vida al servicio del Racing

Antón Bruquetas

FERROL

El nuevo mánager general, Gerardo Molina, comenzó su relación con el club en el año 1977 y asegura que «está disponible para ayudar al equipo cuando lo necesite»

16 jul 2008 . Actualizado a las 17:52 h.

Después de más de siete años alejado de los banquillos, Gerardo Molina (Ferrol, 1944) ha aceptado tomar las riendas del Racing con la intención de devolverlo «al lugar que le corresponde por méritos propios: la Segunda División». Él mismo se define como «un ferrolano de pura cepa» y alguien que «siempre está dispuesto a echar una mano al Racing cuando el club lo necesita». Pero la trayectoria de Gerardo Molina como entrenador comienza lejos de Ferrol y no solo ligada al mundo del fútbol. Arranca en Cartagena, donde ejercía como militar. En el año 1972 consigue el carné de técnico nacional y ya por aquel entonces se proclama campeón de España con la selección de Marina del Mediterráneo. La empresa nacional Bazán dejó en la juventud de Gerardo Molina la inquietud por el deporte. De hecho recuerda con entusiasmo los partidos de baloncesto en el polideportivo de la compañía naval donde los Pardo, Polo y Quintanilla jugaban «como los ángeles». Por eso en Cartagena aprovechó para sacarse el titulo de entrenador en baloncesto. Sin embargo el fútbol le atraía más y en 1977, cuando regresa a Ferrol, Luis Rodríguez Vaz contacta con él para que sea su segundo en el Racing. Desde aquel año hasta hoy la relación de Molina con el club ha sido constante.

Nuevo reto

Ahora este veterano preparador es la pieza fundamental de un grupo de trabajo en el que también están involucrados Manolo Sánchez, que se encargará del trabajo diario con el primer equipo; Fran Beade, que hará las funciones de segundo entrenador y preparador físico; y José Miguel Rañales, del que dependerá el estado de forma de los porteros.

Como anunciaba el presidente del Racing, Isidro Silveira, durante la presentación del cuerpo técnico, es un modelo de dirección a la inglesa. Aunque Gerardo Molina rehúye del nombre que le han adjudicado a sus atribuciones, mánager general, tiene muy claro lo que le han pedido. «Bueno, como le llamen, pero la realidad es que me encargaré de coordinar este grupo de trabajo e intentaré que todo se diseñe con rigor y seriedad».

Relación con Manolo

Pero para que esta nueva dirección deportiva funcione es fundamental que Molina y Manolo Sánchez se entiendan a la perfección. En este sentido y por las palabras de Molina parece que el club no encontrará una vía de agua en medio de la larga travesía que será la próxima temporada en Segunda B. «Cuando hablas con una persona y ves que coincides en lo que se necesita para conseguir un objetivo es más fácil trabajar, pero si aún encima esa persona es tranquila y dialogante, el camino se allana todavía más», explica el responsable de la dirección técnica del Racing.

Inicios en el Racing

A Gerardo Molina se le nota cuando la conversación con él dura más de dos minutos que en lo futbolístico -y un poco en lo sentimental- el Racing es su casa de toda la vida. No en vano llegó al conjunto verde de la mano de Luis Rodríguez Vaz en la temporada 1977/1978. Ejercía como segundo entrenador y nada más aterrizar al conjunto verde «besó el santo» con un ascenso que firmaría este año: el regreso del Racing a la división de plata del fútbol español. De aquella temporada recuerda de memoria a Nacho, Corral, Francisco y los hermanos Collazo, que configuraban un bloque «muy competitivo».

Sin embargo, en su largo matrimonio con el conjunto verde, que dura ya más de 30 años y que ha tenido intermitencias puntuales como su paso por el Endesa As Pontes, el Viveiro, del que guarda un gran recuerdo, o el Somozas, la adversidad le ha dejado una huella más profunda que los éxitos. «Más que los ascensos, que siempre son bonitos, me marcaron los años en los que no había ni una peseta en las oficinas. Tuvimos amagos de encierros y se debía hasta el agua». De aquella situación no culpa a nadie. «Los que estaban bastante hacían con lo que había», pero reconoce que la llegada de Isidro Silveira a la presidencia le ha dado «la estabilidad económica que el equipo necesitaba».

Ilusión por entrenar

Después de haberlo visto «casi todo» en el fútbol, Gerardo Molina afronta esta nueva etapa con ilusión, «como la de un niño que cambia de zapatos», y confía en que su vuelta a los banquillos le sirva para continuar haciendo amigos, que es «lo mejor que le ha dado el deporte».