Al frente de la panadería Alvariño, de Neda, claro, se encuentra ya una tercera generación de una familia que sacrifica su vida por el pan artesano
07 ago 2008 . Actualizado a las 14:25 h.Ser panadero es vivir al revés que el resto del mundo, trabajar de noche y dormir de día. También es olvidarse de un viaje de placer a Canarias. Y así es la vida de muchas familias de Neda, la tierra del pan. Como los Alvariño. El horno se encuentra a dos pasos de la fervenza del Belelle, justo al lado del pazo de Isabel II. Allí trabajan los hermanos Luis y Teresa Alvariño, herederos de un negocio que abrieron sus abuelos Rogelio Alvariño y María Permuy hace, como mínimo, 88 años, y que luego asumieron Julio Alvariño y Teresa Veiga, los padres de Luis y Teresa. Julio ha fallecido y ahora la panadería la regentan dos de sus cuatro vástagos. A sus 71 años, Teresa, la matriarca y el palo de esta historia, todavía echa una mano a sus astillas.
Aunque hacer pan siempre fue un oficio duro, ahora aún lo es más que antaño. Teresa Veiga explica que en sus tiempos «cocíamos de día e repartíamos ao día seguinte». El reparto se realizaba «en carro de cabalos e despois en coche».
Teresa Veiga y su esposo se repartían el trabajo. «De nova amasaba á man moi ben, tiña que facelo porque fallaba a corriente moitos días», recuerda la matriarca. Ahora, una máquina amasa la mezcla de harina y agua.
El oficio ha cambiado un tanto, y también el horno. Antes se introducían tojos dentro para cocer el pan, mientras que ahora en la panadería Alvariño se utilizan troncos de leña para hornear bollos, barras, dulces y empanadas. Como en buena parte de las panaderías de Neda, se sigue cociendo con hornos de leña.
Desde hace unos años es Luis Alvariño el que soporta el gran peso de la panadería. Un día cualquiera se levanta cuando otros aún están cogiendo el sueño: a las dos de la mañana; pero los sábados debe ponerse en marcha dos horas antes, a las doce de la noche, para que dé tiempo a preparar todos los encargos del fin de semana. Él es el encargado de elaborar el pan y los dulces, hasta que sobre las cinco de la mañana se incorpora al trabajo su hermana Teresa. Todo tiene que estar listo a las nueve de la mañana para iniciar el reparto con la furgoneta. De esto se encarga ella. Luis se va a casa a la una del mediodía, salvo los sábados, que sigue trabajando toda la tarde.
Las especialidades de la panadería Alvariño son las bizcochadas y, sobre todo, la bolla de huevos. «Es famosísima, ven xente a comprala dende moi lonxe», se enorgullece Teresa Veiga. Como todo lo que se cocina en ese horno, es 100% artesanal.
¿Cuándo duerme Luis? Se suele acostar sobre las nueve de la noche; y después de comer se echa una siesta. Pero no es la primera vez que se pasa dos días enteritos con las manos en la masa y sin dormir. Esto puede ocurrir en verano, durante las fiestas de Neda, cuando llueven los encargos. En esos momentos de máxima actividad, el resto de la familia se mete en el horno para ayudar.
Un día de descanso
«Llevo una vida un poco desordenada, sí», admite Luis, que no tiene vacaciones y solo descansa los domingos, cuando puede dormir a pierna suelta.
El panadero de Neda tiene una hija de 9 años de edad, para la que no desea un trabajo tan duro como el que eligió un día la familia. «Espero que no siga con esto; pero de hecho ella me dice que lo deje». Será para verlo más e irse de vacaciones de vez en cuando.