Lidia, 7 operaciones en 21 años para comenzar a correr

FERROL

Una joven de Caranza espera desde abril del 2007 una intervención en su pierna

19 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

La vida de Lidia Torrente Sanmartín, una joven vecina del barrio de Caranza, podría empezar a mejorar el miércoles. Ese día, según confirmaron fuentes del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS), está previsto que la informen de la fecha en la que será operada de su cadera izquierda, que le ha amargado los días desde que nació hasta hoy, 21 años después. Será el fin de un camino largo y difícil. Lidia esperaba por la operación, en la que le colocarán una prótesis de cadera, desde abril del año pasado. En todo este tiempo ha tenido que repetir dos veces las pruebas de anestesia, y en un principio ese era el objetivo de su regreso al hospital este miércoles.

El problema viene de lejos. Lidia nació con una pierna más corta que otra. Durante los tres primeros años de vida fue sometida «a siete operaciones quirúrgicas en el Arquitecto Marcide», explica María de los Ángeles, su madre. No salieron bien y la joven siempre tuvo molestias.

Los doctores trataron de corregir la situación con plantillas, y Lidia, que apenas puede hacer otro ejercicio que nadar, ha tomado calmantes para el dolor desde siempre. A los diez años le reconocieron una discapacidad del 36%, y su madre está segura de que si volvieran a examinarla ahora daría más.

En noviembre del 2006 cayó la gota que colmó el vaso. A Lidia, con 20 años de edad, le dio una trombosis en la pierna. Fue una de las últimas «desgracias» de la larga cadena que la ha acompañado en lo referente a su pierna. Para colmo, el médico «no se enteró de que era un trombo», y envió a Lidia al masajista suponiendo que se trataba «de un problema muscular». El masajista «no se atrevió ni a tocarla», explica su madre, y cuando la llevaron a Urgencias se dieron cuenta a tiempo de lo que ocurría, lo que evitó males mayores. Desde aquel noviembre, Lidia toma Sintrom, un medicamento que dificulta la formación de coágulos en la sangre, como muchos pacientes que la triplican en edad y padecen dolencias cardiovasculares.

Tras ese episodio, los padres de Lidia decidieron pedir que la derivasen al hospital de Santiago. Allí descubrieron que, lejos de evolucionar a mejor, el estado de su pierna se había ido deteriorando con el paso de los años. «En las radiografías se ve como tengo la cadera completamente desplazada hacia arriba», explica Lidia con una mezcla de resignación y buen humor.

El médico que la trataba decidió que lo mejor era operarla «lo antes posible», recuerda su madre. Sin embargo tampoco hubo demasiada suerte. La operación nunca llegó, y mientras la joven pasaba periódicamente por el servicio de anestesiología para repetir las pruebas previas a la operación. Un día de este mes, cansados de esperar, decidieron presentar una reclamación en el centro compostelano, porque varios de los profesionales con los que habían tratado les animaron a reclamar. «Háganlo, porque esto es una vergüenza», recuerdan que les recomendaron. Fuentes del CHUS señalaron que la demora «foi precisa porque trátase dunha operación bastante complexa e foi preciso practicar bastante probas para que todo saia ben». También señalaron que el caso de Lidia, pese a las circunstancias que lo han acompañado, está clasificado como prioridad tres, que incluye a «pacientes con patoloxías que permiten a espera no tratamento, xa que non se producen secuelas importantes».