Tras poner fin a su larga trayectoria en la Armada, de la que se despidió como director del Hospital de Defensa, dice que, para él, «una nueva etapa acaba de empezar»
04 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Se va de la Armada Antonio Díaz Valdés (Avilés, 1947) un tanto emocionado, para qué lo vamos a negar. Pero sin dejarse arrastrar por la nostalgia. Ayer cumplió 61 años. Y el martes, bastante conmovido, se despidió de la dirección del Hospital de Defensa, durante un acto que contó con la presencia del obispo de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, Manuel Sánchez Monge, y al que asistieron cientos de personas, entre las que se encontraban representantes de los más diversos ámbitos de la vida cultural, académica y castrense. Y allí estaban, por supuesto, sus mejores amigos.
-De todas maneras, ocupaciones no le van faltar: seguirá ejerciendo usted la Estomatología en el sector privado, continuará el frente del colectivo de asturianos residentes en Ferrolterra...
-¡Y ahora podré dedicarle más tiempo a la familia, además de dedicarme también alguno a mí mismo...! -dice Antonio, sonriendo-. Es verdad que voy a echar de menos la Armada, porque han sido muchos años en ella. Nada menos que 35. Y eso deja huella. Pero también sé que para mí una nueva etapa acaba de empezar. Soy una persona muy activa, que cree que en la vida hay que hacer cosas nuevas siempre, porque si no las haces, vives solo para mirar lo que van haciendo los demás.
-Y el tiempo pasa, además.
-Pasa, es verdad. Pero no hay dos días iguales en la vida. Los días solo se repiten en las esferas de los relojes, pero en la vida jamás. Para el ser humano, nunca. Eso es algo que también he querido tener siempre muy en cuenta. Hay que ser vitalista. Y por supuesto luchador. Eso es importantísimo. ¿O no...?
-Suele usted decir que es «de los de Avilés de toda la vida». Pero la verdad es que su vida, en su mayor parte, ha transcurrido en Galicia.
-Bueno, sí. Yo estudié la carrera de Medicina en Santiago de Compostela, en cuya Universidad mi abuelo fue Catedrático de Latín. Pero antes, durante el Bachillerato, ya fui alumno, también en Santiago, del colegio Peleteiro. Por cierto que la primera vez que estuve en Ferrol fue en el año 1975, siendo alférez en prácticas. Y mira: aquel mismo año, ya pasé yo, muy joven, por el Hospital Naval.
-Usted llegó a la Armada... ¡desde las Milicias Universitarias del Ejército de Tierra! ¿Cómo fue eso?
-Sucedió que yo estaba haciendo las milicias, efectivamente, en el Ejército de Tierra, en León, cuando en la sala de banderas me comentaron que se habían convocado oposiciones para la Armada. Un oficial de Artillería que había allí, Levín, me animó mucho a presentarme, y le hice caso. Casi no tuve tiempo para preparar la oposición, pero conseguí aprobarla. Y no solo aprobarla, sino que saqué el número dos. Casualidades que hay en la vida.
-Y antes de formarse como estomatólogo, usted cursó, y ejerció, la especialidad de Ginecología.
-Sí, pero fue la propia Armada la que, estando ya oficial en ella, me ofreció la posibilidad de hacerme también estomatólogo. Y la aproveché. Realmente creo que fue una buena decisión.