«Ferrol es una ciudad maltratada que merecería correr otra suerte»

FERROL

Compagina su labor como pintor, escultor y fotógrafo con el ejercicio de la abogacía, y reivindica la importancia de mirar «más lejos», de escuchar las voces del corazón

05 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Aclaremos lo siguiente: Anxo Álvarez es también Manuel Ángel Vivero Álvarez. Lo es al mismo tiempo, así que elija el orden, cada cual, según prefiera. Pero Anxo -que entre los dos es el que hoy nos ocupa, con el que conversamos para ustedes y a quien Ari retrata en el patio del instituto Concepción Arenal, ese lugar al que él tanto le quiere- es el pintor y el escultor y el fotógrafo. Un creador, por cierto, al que tampoco la escritura le es ajena.

Hablamos, antes de la hora del retrato, en un café del barrio de A Magdalena, en ese Derbi que está dentro de algunas novelas y que tiene en las paredes, además de los estantes que sustentan algunas efigies de Tintín y bajorrelieves que representan a caballos corriendo en el hipódromo, los ecos de las voces que quedaron por allí flotando desde otros tiempos diferentes.

Cuenta Anxo (también Manuel Ángel, para entendernos) que él ama mucho lo que es su trabajo, el que ejerce en el mundo del Derecho. Lo que ahora hace desde su despacho de abogado, y lo que antes llevó a cabo como fiscal de larga trayectoria. Pero dice que a pesar de su amor por todo lo que la Ley representa («¡Soy un enamorado del Derecho, porque creo que establecer normas es lo único que hace posible la convivencia...!», confiesa), el arte es lo que le permite expresar todas sus emociones, hablar con el lenguaje del alma, escuchar las voces del corazón y de paso mirar, cada día, un poco más lejos. Nació en Montevideo, en 1960, pero hoy Ferrol es su ciudad, a todos los efectos. En palabras suyas, una ciudad «maltratada históricamente», que «merecería correr otra suerte». Le gusta el trazado del barrio de A Magdalena, ese dibujo racionalista, hijo de la Ilustración, que también se pensó, en múltiples sentidos, «para la convivencia». Pero es consciente de que el propio trazado de las calles responde a una época muy distinta. «A un tiempo en el que los coches no existían», dice Anxo. Sabe que eso tiene sus inconvenientes, por lo que a la vida diaria respecta, pero no le hace querer a Ferrol menos. También a la ciudad, repite, habría que aprender a mirarla con ojos bien nuevos.