El centro cultural inaugura la muestra de videoarte «I love you», una apuesta diferente y actual en la ciudad
09 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.«Es algo nuevo y diferente. Sí me gusta» afirma el escultor José Rubio Gascón en la sala oscura en la que se proyecta I´m a victim of this song , de la suiza Pipilotti Rist. El artista ferrolano aprecia lo que ve en el Torrente Ballester, y no es el único porque la muestra de videoarte I love you ( Te quiero ) tiene algo que hace honor a su nombre.
No se engañe, el rechazo inicial a la exposición es casi instintivo, pero solo al principio. El Torrente parece vacío y pálido. Solo alberga nueve obras y los pasillos blancos y las salas están casi a oscuras. Fuera de ellas, los sonidos de los vídeos se confunden. Al principio, no parece que haya mucho amor en I love you .
Nada más lejos de la realidad. Hasta los más escépticos, y en la inauguración había unos cuantos bien camuflados, acaban quedándose parados ante las pantallas. Son lienzos de las alucinaciones, obsesiones, fantasías, gamberradas... que han ensamblado las factorías mentales de videoartistas como Cunninghan, Ghukfvin o Nagi Noda acerca de un tema antiguo y universal, el amor y todo lo que lo rodea: el sexo, los celos, los hijos...
Al final, igual que ocurre con el amor real, todo el mundo acaba por encontrar dónde sentirse a gusto. Algunos casi bloqueados ante Hitchcoked de David Young, que no hace concesiones, otros hipnotizados ante las ya citadas ensoñaciones de I´m a victim of this song de Pipilotti Rist.
Desde luego, el tema del amor no es nuevo y, aunque lo de videoarte suena muy moderno, tampoco lo es tanto. Las imágenes que flotan sobre las paredes del Torrente llaman muchas veces al recuerdo. Allí donde habita A Ama de Casa pervertida de Cris Carvalho e Pablo Huertas es imposible no intuir la presencia de Roy Lichtenstein, uno de los maestros del Pop Art. En All is full of love de Cris Cunninghan habitan con fuerza los robots sexis de finales de los 70 o los creados por el provocador Hajime Sorayama. I love you condensa la cultura del tiempo presente y muchos de los hitos que la han conformado durante las últimas décadas.
Lo resumió Rubio Gascón con sentido común: «Hay que venir con la curiosidad de ver algo diferente a lo habitual y que está muy bien». Tan bien como la mayoría de los detalles que rodean la exposición, en la que las flechas de cupido sirven de guía y que evita cualquier distracción para el visitante, solitario ante las pantallas. Pesa alguna muy ocasional distorsión del sonido. Pero se hace perdonar, porque por estar bien hasta está bien el catálogo, moderno, trilingüe y atractivo a la vista con su gran titular blanco sobre rojo: I love you .