El ferrolano se arrepintió de retirarse. El arteixán se sorprende del cambio de su cuerpo en seis meses, tras dejar la élite
17 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Su carrera discurre casi paralela a la del fútbol sala profesional en España. Bien entrada la treintena, no pueden dejar el deporte de su vida. Juegan en la modesta Primera A, pero las sensaciones de una victoria trabajada con este O Parrulo, no son tan diferentes a las que Manolo Pardo (Ferrol, 1968) y Fernando Regueira (Arteixo, 1973) sentían en División de Honor. El primero lleva unos años amagando con la retirada, y el segundo vive su primera experiencia lejos de la élite. -Manolo Pardo: Yo repesqué el fútbol sala el 2 de noviembre del 2006. Lo echaba muchísimo de menos. ¡Y estaba deseando que el equipo perdiera, para ver si me llamaban! (ríe) Ahora pienso que este sí va a ser mi último año jugando. -Fernando Regueira: Yo era profesional hasta el año pasado, cuando me vi casi obligado a jugar otro más [en el Leis]. Después del ascenso en Pontevedra, tenía que dar un cambio. Y ha sido muy grande a todos los niveles. Pasé de entrenar mañana y tarde a hacerlo dos o tres tardes después de trabajar. Para mí todo es distinto. Mi cuerpo es diferente al de hace siete meses, y en abril cumplo los 35. A mí lo que me hacía falta era estar tirado en el sofá (ríe). Luego, cuando compito, estoy bien y algunos fines de semana disfrutas más. -M. P.: La dedicación y el desgaste son diferentes. -F. R.: Cuando era profesional, cada entrenamiento era un sufrimiento para intentar mejorar, y había que seguir aunque estuvieses cansado. Debes cuidar las comidas... Todo era diferente. -M. P.: A mí me sigue llenando la alegría de ganar un partido un sábado. Aunque no es lo mismo, porque trabajas menos para conseguirlo y tu nivel no es como el de antes. -F. R.: Ni el mío. -M. P.: Pero me veo contra los jóvenes, con su fuerza, y ahí estamos. -F. R.: Hay que pensar más, si no, estarías equivocado. En la categoría también hay equipos muy malos, sólo algunos. -M. P.: Los jóvenes tienen más fuerza. A mí una de las cosas que me motiva es tener un grupo chulo, que el entrenador se ponga en nuestro lugar y sepa lo que nos hace falta. Con un pesado en el banquillo, sería inaguantable seguir a estas alturas. -F. R.: Sí, yo a veces pienso, con lo rápido y fuerte que estaba, ¿cómo puede cambiar tanto un tío en seis meses? Pero no echo de menos la otra vida. Estuve 14 o 15 años en División de Honor y uno en Plata, en el que ascendimos. Se entrenaba mañana y tarde; esto te permite vivir con la novia y no solo. Ahora disfruto de otra vida y estoy contento. Subir a Plata, ¿para qué? -M. P.: Yo creo que deportivamente podemos tener opciones de ascenso a Plata. -F. R.: Tú eres muy optimista. -M. P.: Lo digo si no hay lesiones de gente importante. -F. R.: Tendríamos que cambiar el régimen de entrenamientos y las exigencias. No sé. -M. P.: Pero, mira. Con lo que entrenamos, ¿quién nos gana? Gijón nos ganó con un penalti injusto. -F. R.: Y Lugo nos dio un meneo... -M. P.: ¿Por qué no un único equipo de Plata en la comarca? Por el dinero es difícil. -F. R.: Hay que preguntarse, ¿jugar en Plata, para qué? Se podría, pero ahora sólo hay dos grupos, con viajes largos. -M. P.: Es una categoría cara, exigente y que no tiene ni mucho menos el atractivo de la División de Honor. Está bien jugar en Plata si quieires volver a ascender. Si no, no. -F. R.: O Parrulo tuvo poco seguimiento en División de Honor y después de los primeros ñaos no venía tanta gente. El equipo estaba bien, pero le faltaba algo... Ahora, en Primera van subiendo los juveniles, y es bonita la rivalidad con el Narón. Banquillos -M. P.: Yo no tengo el título, pero no descartaría entrenar en un futuro. -F. R.: Yo no. Seguro.