Cuatro agentes de Tráfico velarán esta noche por la seguridad de los conductores
31 dic 2007 . Actualizado a las 02:00 h.El 31 de diciembre es de esos días en los que no trabajan ni los periodistas de prensa escrita. Pero también es de aquellos en los que otros deben penar para que los demás se lo pasen de miedo durante la última gran noche del año. El 99% de los ferrolanos se dedicarán hoy como mucho a partirse la espalda en las tiendas para cerrar las últimas compras de ropa para la fiesta o para preparar la suculenta y familiar cena. Luego, a medida que se acerque la noche, cada uno estará más o menos atareado colocando la mesa, cocinando o contando las uvas para no llevarse el disgusto final al comprobar que no hay doce por barba.
Pero muchos profesionales estarán pendientes del reloj, no para engullir las uvas al ritmo de las doce campanadas, sino para salir pitando de casa y no llegar tarde al trabajo.
En Fin de Año también hay vida más allá de los fogones. No cierran nunca el destacamento de Tráfico de la Guardia Civil, en Santa Mariña; el cuartel de la Policía Local en San Xoán, ni el de la policía nacional en la avenida de Vigo, ni tampoco el parque de bomberos de A Gándara, y mucho menos el hospital Arquitecto Marcide de Catabois. Para todos los que están de guardia nocturna en esos centros, Fin de Año es una noche complicada que suele ser sinónimo de más trabajo todavía, sobre todo a partir de las dos de la madrugada, cuando los ferrolanos se echen a las carreteras para seguir la noche en alguna fiesta.
Y mientras el resto del mundo disfruta de una cena en familia y se come las uvas en casa al son de las campanadas, cuatro agentes de la Guardia Civil de Tráfico deberán estar en su puesto de trabajo y bien alerta entre las once de esta noche y las siete de la mañana. Son Constatino Fernández Freire, del equipo de Atestados; y los motoristas Juan Manuel López López, Alberto Montero Novo y Manuel Ángel Muiño.
Si hay suerte y no reciben una llamada por un accidente, los cuatro compartirán juntos las uvas de las doce de la noche en el cuartel de Santa Mariña. Pero cuando pase la medianoche... todo puede ocurrir. El momento crítico comienza cuando se producen los desplazamientos en coche para acudir a las fiestas. «Normalmente es una noche tranquila hasta las dos de la mañana», aseguran, pero el trabajo empezará a acumularse a partir de las cinco de la mañana: accidentes, alcoholemias... Porque en Fin de Año los conductores también deberán soplar para demostrar que no han sobrepasado los límites con las copas. Los agentes aseguraban ayer que aún no sabían dónde iban a montar controles esta noche, pero que los habrá es seguro, afirman los guardias.
Un turno normal
El equipo de Tráfico que trabajará esta noche es el habitual de un lunes cualquiera: cuatro agentes. Un fin de semana, en cambio, pueden estar patrullando por las carreteras de la comarca el doble de personal.
Tres de los cuatro agentes posaron ayer para la foto en el cuartel. El cuarto, que estaba de servicio, no llegó a tiempo a la cita porque se topó con un camión que había cometido una infracción. De los cuatro, Juan Manuel López es el que peor suerte parece haber tenido con los turnos de trabajo estos días. Además de trabajar hoy por la noche, también está de servicio por la mañana y ayer por la tarde, cuando posó con sus compañeros para la foto.
Los guardias aseguran que ya no les amarga pasar la última noche del año trabajando. No es, ni mucho menos, la primera que les toca ni será la última seguramente. A quien más y a quien menos ya le ha tocado en alguna ocasión pasar la Nochebuena en As Pías, socorriendo a un accidentado, o comerse las uvas en Moeche.
Que todo vaya bien.