Los restos mortales de un hombre, enterrado en el cementerio parroquial de O Val hace cerca de dos años, fueron exhumados el pasado lunes para proceder a una prueba de paternidad. A tal efecto, un forense y un secretario judicial se trasladaron hasta el camposanto. El fallecido tenía más de 85 años en el momento de su muerte.
El desenterramiento del nicho se desarrolló pasadas las doce de la mañana. El enterrador local se ocupó de toda la tarea hasta que el féretro estuvo en el exterior. Posteriormente, se extrajeron los restos que servirán para la determinación del ADN del fallecido.
Suele utilizarse un fémur y una pieza dental. Estas muestras han sido enviadas al Instituto Toxicológico para la realización de la prueba forense.
La demanda
En el origen de estas diligencias judiciales se encuentra una demanda de filiación que presentó hace meses un hombre, supuestamente hijo extramatrimonial del difunto y que ahora pretende aclarar esta relación paternofilial porque en vida el fallecido no lo reconoció. El demandante, con una edad aproximada a los 60 años, tendrá también que realizar la prueba de determinación de su código genético para confrontarlo con el de su supuesto padre para aclarar definitivamente el asunto. Para extraer muestras orgánicas de una persona viva para determinar el ADN basta con algunos cabellos con raíz o mucosa del interior de la boca tomada con un hisopo de algodón. Además de la comisión judicial, en el cementerio de O Val estuvieron dos representantes legales de una de las partes en litigio. Tanto en el partido judicial de Ferrol como en el de Ortigueira son cada vez más frecuentes este tipo de investigaciones judiciales. El descubrimiento del ADN ha simplificado enormente estos procesos de filiación o paternidad.
Herencia
En la mayoría de estos procedimientos civiles el motivo no es otro que una reclamación por la herencia del difunto, cuestión que debe resolverse en un juicio posterior.