De Elcano a las carabelas de Colón

Beatriz Antón beatriz.anton@lavoz.es

FERROL

Abrimos las compuertas de La Mirilla y nos inunda un sabor marinero 100%. Nos lo inyecta como un soplo de aire fresco nuestro primer protagonista. Se llama Manuel Placer Piñeiro (Pontedeume, 1930) -más conocido como Lolo Placer en la villa de los Andrade- y es todo un personaje. Este viejo lobo de mar que no para de reírse mientras hablo con él ha pasado más de media vida enganchado a un barco. Durante la friolera de treinta años lo hizo como marinero y patrón -cuenta que hace años pescaba preciosos salmonetes, pescadillas y fanecas en nuestras costas- y, desde que le llegó la jubilación, Lolo sigue navegando, pero en barcos en miniatura que fabrica con sus propias manos. «Esta afección a facer maquetas xa a tiña de mozo, pero ao casar e ter fillos tiven que deixala; hai case cinco anos morreu a miña muller, e como me sentía so, decidín recuperala», me cuenta echando la vista atrás. Desde entonces, de la pequeña factoría naval de Lolo -«¡a mesa da cociña é o meu taller!», advierte entre carcajadas- han salido nada más y nada menos que cien barcos. «A maioría deles regaleinos a familiares e amigos e agora andan navegando polo mundo adiante; hainos en Asturias, en Francia, en Madrid...», cuenta Placer. Pero no toda la flota ha salido fuera de nuestras fronteras. Lolo todavía cuenta con una pequeña colección, en la que se pueden encontrar desde las carabelas de Colón hasta una reproducción del velero Juan Sebastián Elcano , pasando por pequeños barcos pesqueros como el Tiburón , una réplica de la nave con la que el eumés faenó durante quince años. Son maquetas perfectas, a las que no les falta detalle. «Incluso teñen as luces reglamentarias», me explica después de ametrallarle a preguntas. Si quieren conocer estas preciosas joyas de Lolo no tienen más que visitar el Centro Cívico de Caranza . Allí, gracias a una iniciativa de la asociación de vecinos, estarán navegando a partir de mañana.

es un vasco afincado y enamorado de Barallobre desde hace ya algunos años. Como le ocurre a Lolo Placer, está loco por las maquetas, aunque lo suyo no son los barcos, sino los coches militares. Cuenta con una colección de 1.425 vehículos y calcula que para el 2008 llegará a los 1.500. Javier ha hecho sus averiguaciones y está convencido de que no hay otra persona en el mundo que tenga tantas maquetas de vehículos a escala 1/35. «Hasta donde sé -advierte Fernández-Miranda-, el único que podría hacerme competencia es un coleccionista de Bélgica, pero él no llega a las mil maquetas». Tan seguro está que no hay en el mundo otra colección igual a la suya que el año que viene va a solicitar la inscripción de su pequeña gran obra en el Libro Guinness de los récords. A ver qué pasa. No se preocupen, que estaremos al tanto y les seguiremos informando desde La Mirilla. Cómo apreciar un buen vino. Tengo o no tengo razón: ¿A qué no estaría nada mal contemplar las maquetas de Lolo y Javier con una buena copa de vino en la mano? A mi me encantaría, pero sepan que para disfrutar del vino como es debido hay que utilizar los cinco sentidos. Sí, sí. Desde el gusto al olfato, pasando por la vista, el oído y hasta el tacto (en la boca, además de gusto, también puede haber sensaciones táctiles). Y que sepan que no hablo por hablar. Lo que les acabo de contar me lo ha explicado todo un experto, Jacob Sanjurjo , enólogo y socio de Bodegas Beltane . Bueno, a mí y a todas las personas que el jueves pasado participaron en una cata de vinos organizada por el Restaurante 5 Jotas de As Pontes. Los asistentes no sólo cataron diferentes vinos, sino que también aprendieron a reconocer las diferencias que hay entre los caldos criados en roble francés y roble americano. Vamos, que fue un coupage de esos para recordar.

Y hoy nos despedimos con felicitaciones para María Dolores Rico Dopico y para su hija, María Aneiros Rico , que el lunes pasado reabrieron el almacén Lameira de peluquería y estética con una imagen totalmente renovada. Se trata de todo un clásico de Canido -no en vano lleva funcionando veinte años en la calle Riego, a dos pasos del cruceiro- que, a partir de ahora, además de vender al por mayor, como ya hacía antes, también abrirá sus puertas al cliente de la calle. Lo reconocerán fácilmente porque el local está pintado en terracota y en su exterior luce un mural que lleva la firma de Eduardo Hermida , un artista archiconocido en Canido city. Y ahora me tengo que marchar volando que me cierran La Mirilla.