Accesos de miedo a la AP-9

FERROL

Cuatro de las entradas a la autopista de referencia de Galicia presentan notables deficiencias en el asfalto o su iluminación

09 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

La tardía llegada de la AP-9 a Ferrol en el 2003 abrió un mundo de posibilidades para la ciudad. La autopista llegaba para terminar con el aislamiento por tierra, pero parece que la urbe no ha sabido corresponderle. Cuatro años después, los accesos desde el casco urbano y sus alrededores a la autopista adolecen de múltiples problemas, algunos de los cuales ofrecen difícil solución.

Esas deficiencias se ven acentuadas por el gran número de usuarios de la AP-9. Sólo en dirección entrada, el peaje de Fene registra cada día más de 20.000 clientes de la autopista. Esos conductores pierden en las deficientes entradas a la ciudad parte del tiempo que ganan por emplear una vía de pago, que también es la más rápida para llegar a la ciudad por tierra.

Las complicaciones en los accesos a la AP-9 no se limitan a baches o defectos en la señalización. Obedecen a causas más profundas, a un urbanismo que vio llegar la autopista con su gran caudal de automóviles, pero que no se adaptó a ellos. Es sintomática la entrada desde la AP-9 a la carretera de Catabois. Los coches deben hacer frente a un cruce complicado con la calle Montiño y la Avenida de Santa Mariña antes de llegar a Catabois.

El cruce es un impacto. Para el conductor, supone el paso sin transición de una autopista acabada en el siglo XXI a una calle de extrarradio con viviendas pegadas y asfaltado propio de hace varias décadas. Muchos hacen que no se dan cuenta y siguen demasiado rápido.

Catabois tampoco es un circuito de Formula 1. Sus deficiencias han sido denunciadas en cientos de ocasiones por los vecinos. Carencia de visibilidad, pasos de peatones peligrosos, obras, atascos, demasiado tráfico pesado...

Salir en las rotondas que conducen al Marcide, a la carretera de Cedeira, es también una aventura. Allí el tráfico es complicado, aunque la apertura del vial a Río do Pozo lo aligeró sensiblemente. Sin embargo, para un visitante puede ser muy difícil encontrar el camino hacia el centro de la ciudad que, de todas formas, es probable que termine en la carretera de Catabois.

Lo más parecido a las avenidas en las que la AP-9 desemboca en otras ciudades (como Alfonso Molina en A Coruña) es Irmandiños. Una vía con sólo dos carriles y sus propias carencias, como se verá. Pero si entrar en la ciudad es difícil, salir hacia la AP-9 es aún más complejo.