La Mirilla
02 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Jamás me han gustado mis pies. No es que tengan juanetes, ni durezas. Simplemente, los pinreles no son la parte de mi cuerpo que me despierten más devoción. Y que conste que hablo por mí, no por los de los demás. El domingo por la tarde, sin ir más lejos, salieron por televisión unas gimnastas con unos empeines de vértigo. Con las puntas muy bien puestas. Perfectas. «Esos sí que son unos buenos pies y no los míos», pensé para mis adentros. Pero hoy por la mañana he cambiado de opinión. Mejor dicho, ha sido la artista ferrolana Carmen Martín la que me ha hecho cambiar de parecer. Resulta que Carmen, en colaboración con la Escuela de Podología del campus, está preparando una exposición con los pies como únicos y absolutos protagonistas. Y en lugar de buscar miembros de proporciones perfectas, con la piel suave como la seda y con una manicura propia de la Beckham , lo que quiere Carmen son pies de lo más normalitos. De esos de andar por casa, vaya. Y si tienen durezas, tiritas o uñas encarnadas, pues mejor que mejor. «A mí lo que me gusta es retratar a la gente tal y como es, con sus arrugas y sus defectos, porque en ellos también puede haber algo bello, y lo mismo pasa con los pies», advierte la pintora. A Carmen siempre le gustaron los pies -de hecho, ha hecho la promesa de pintar los de su hija Rosalía cada verano, hasta que cumpla 30 años (ahora tiene 9)-, así que cuando el director de la Escuela de Enfermería y Podología, Manuel Romero , le propuso hacer la exposición, no se lo pensó dos veces. Por el momento ya ha pintado 20 cuadros y quiere llegar hasta los 50 para inaugurar en el centro de Esteiro tras el verano. Además, busca voluntarios que quieran posar. Si se anima, no tiene más que pasarse por la Escola Aberta de Arte, en la calle del Sol, donde trabaja Carmen, y prestarle sus pies durante un ratito. Y los pies también nos pueden servir para ir a la galería Sargadelos, donde, desde ayer, se puede ver la exposición Bestiario familiar , de Luis Rapela (Ferrol, 1955). Después de treinta años conociendo mundo -vivió en Madrid, Marruecos, Nueva York y Eslovenia, donde residió la última década-, el pintor ha regresado a su tierra natal acompañado de su mujer, la también artista Spela Trobec , con ganas de reencontrarse con sus raíces. Si no conocen su obra, tal vez le sirva esta referencia: la escultura La duda -en la que un ser amorfo reflexiona sobre lo alto de un andamio en la plaza de Taxonera, en Esteiro- salió de sus manos. La de Sargadelos es la primera exposición individual que hace Rapela desde su vuelta a Ferrol. En ella se pueden ver once cuadros de gran formato y diez dibujos realizados sobre un papel especial, fabricado a partir de hueveras de cartón y viejos periódicos por el propio Rapela. Influenciado por el arte povera y por la geometría, la línea consigue hacerse con el protagonismo en esta exposición. ¿Y el título? ¿De dónde viene? «Con Bestiario familiar he intentado hacer un juego de palabras en el que hago referencia a la influencia de lo animal en mi obra y también a mi vuelta a Ferrol, a las raíces», explica Rapela. El próximo jueves, a las ocho, el artista contará muchas más cosas sobre su obra en la inauguración de la muestra. Y terminamos con una recomendación: que se pasen por la playa de Pantín en cuanto puedan. Allí ha abierto una biblioteca popular para todos los bañistas la Sociedad Cultural y Golfista de Marnela -de la que ya hablamos en esta misma página- y también allí -y ahí viene la novedad- va a montar una escuela de golf-playa . El invento consiste en jugar al golf en la playa, sólo que en lugar de hoyos, se colocan unas cestas a un metro de altura de la arena. Y es ahí es donde hay que meter la bola. Me quedan dos líneas, así que adiós y... Sean MUY felices.