Crónica | El temporal en Ares Un matrimonio con tres hijos del lugar de Lubre vio como miles de voltios recorrían su domicilio tras caer a menos de 17 metros de su casa atraídos por una antena telefónica
09 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.?l primer rayo que el temporal dejó el viernes en el lugar de Lubre, en Ares, tocó tierra a las dos menos cuarto de la tarde a sólo 17 metros de la casa en la que viven Ricardo Rodríguez, María del Carmen Martínez y sus tres hijos: Ricardo, Sergio y Míriam, de once, nueve y seis años respectivamente. La brutal descarga eléctrica, «que hizo -cuenta la madre- un ruido, un ¡buuum!, increíble» arrasó con los electrodomésticos y dejó toda la casa a oscuras. Fue tan potente que hizo estallar un trozo del muro del jardín, y, dentro de la casa, saltó de enchufe a enchufe por el aire, atravesando la habitación de uno de los pequeños que, por suerte, estaba jugando en el salón. También desenchufó los radiadores, lanzó los interruptores de plástico por los aires y volatilizó uno de esos matamoscas eléctricos Kill-Paf. María del Carmen pensó que «le había dado a Roy», un pastor alemán que ayer aún estaba inquieto al que vio «corriendo, rodeado de chispas» por una ventana. A 17 metros del peligro Los rayos suelen caer en puntos elevados, que les conduzcan con facilidad a tierra. Por eso no es de extrañar que Ricardo y María del Carmen teman que la historia se repita. A 17 metros de su casa hay una antena de telefonía móvil de 40 metros de altura. Un simple vistazo permite darse cuenta de que es el punto más elevado en mucha distancia a la redonda; es decir, es un pararrayos en potencia. De hecho, tiene uno instalado en el extremo. La casa de Ricardo y María del Carmen tiene dos pisos. Él estaba bajando a la planta baja cuando cayó el rayo. Pudo ver el impacto desde las ventanas de las escaleras. «Cuando tocó el pararrayos hubo una luz fuerte -cuenta-, después bajó por la antena y no ocurrió nada, pero entonces llegó a los contadores, que estallaron». Ayer aún había trozos de plástico esparcidos por las cercanías. El padre gritó: «¡Cayó en la torre!». Pero el estruendo impidió que el aviso se entendiese bien. Ricardo, que con once años es el mayor de los tres hermanos, entendió que la antena se venía abajo y se tiró, como él mismo explica, «cuerpo a tierra». Sin agua ni electricidad Pasado el susto empezó el balance de daños. La casa se quedó sin calefacción, luz y agua, ya que la bomba del pozo es eléctrica. A eso de la una de la madrugada de ayer, el seguro instaló un grupo electrógeno en la vivienda que devolvió a la vida la primera planta. En Fenosa, sencillamente, «parece que no se enteran de nada» y la calefacción ha sido sustituida por mantas, ventanas aislantes y la chimenea. Ahora bien, Ricardo y María del Carmen afirman que todo eso «es cosa de dinero y puede arreglarse», lo malo es que, «con la antena tan próxima, esto puede repetirse en cualquier momento». Llevan ya años intentando que la retiren, «porque no tiene licencia para estar ahí» y temían, con razón por lo que se ha visto, que pudiese ser peligrosa. Incluso enviaron una carta al Defensor del Pueblo, que les contestó de una forma «bastante poco cortés y poniendo en duda que la antena exista realmente» Pero lo ocurrido anteayer les ha dado nuevas armas. Han denunciado los hechos ante la Policía Local y la Guardia Civil, y ayer Ricardo pensaba presentarse ante el juzgado de guardia para dar parte del rayo que, «con peor suerte podía habernos hecho mucho daño a todos».