Reportaje | La actividad numismática de la histórica fábrica de Xuvia Entre 1816 y 1868 la factoría local acuñó maravedíes con los rostros de Fernando VII ?e Isabel II, frente a la entrada en el mercado de piezas sobre la ocupación francesa
18 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Los Reales Establecimientos de Xuvia, en Neda, vivieron épocas de esplendor, y también de convulsión. Así lo recoge el libro A ceca de Xuvia. A derradeira fábrica de moeda de Galicia, de la historiadora Anabel Bello y publicado por Edicións Embora. Personajes ilustres como el escritor Benito Vicetto ostentaron la superintendencia de la factoría, aunque la época más convulsa, y lujosa al mismo tiempo, corrió con Nicolás de Lamas al frente. Cuenta Anabel Bello en su libro que este responsable acumuló numerosos pleitos, tanto del Gobierno como de la Marina. Ambos estamentos habían invertido grandes sumas en la factoría, y acusaban constantemente a la superintendencia de apropiarse indebidamente del dinero enviado desde las Cortes en lugar de invertir en beneficio de la fábrica. Así empezó a forjarse la decadencia de una factoría que llegó a emplear a 29 operarios con un coste de personal de 232 reales. La producción habitual era de 12.000 monedas de cobre al día. Justo la mitad de la capacidad para la que había sido diseñada la fábrica. Motivos estratégicos Neda empezó a acuñar moneda por orden de la Regencia del Reino, emitida en 1811. Y las piezas llevaban impreso el rostro de Fernando VII para compensar la entrada en el mercado de monedas que fomentaban la ocupación francesa. El 19 de septiembre de ese mismo año llegaría a Ferrol el primer barco cargado con la maquinaria precisa para hacer las monedas, aunque la producción no empezaría a desarrollarse hasta 1816. Pero, más que una simple fábrica, como testimonia la investigación de Bello, la casa local de moneda fue uno de los síntomas del esplendor de la zona. El superintendente vivía el día a día en el edificio principal que hacía de recibidor. Se trataba de un palacete, ya desaparecido, levantado con la intención de ofrecer un lugar para acoger las visitas reales. Aunque no llegó a estrenarse como tal, sí sirvió de lujosa vivienda para los responsables de la factoría. Este pequeño paraíso estaba separado del ruido de las máquinas por una gran alameda que distribuía el paso desde la misma entrada del complejo. La opulencia llegaba hasta las mismas puertas de la residencia, coronada por una inmensa fuente rodeada de jardines. Ese lujo pudo ser una de las causas por las que desde el Gobierno se percataron de que la factoría no resultaba tan rentable como se estimaba, y en 1868 cerró sus puertas, apoyada en el afán de Isabel II por centralizar el acuñado de moneda en Madrid.