Entrevista | Pichero El noiense acude al campeonato ?de Valdoviño desde hace 18 años y ?asegura que la prueba mundial es, ?para él, «como unas vacaciones»
08 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Los fotógrafos de surf son una raza aparte. Lo sabe bien el noiense Pichero -«ni mi mujer recuerda mi nombre real», bromea-, quien pasó cuatro años de continente en continente siguiendo con su objetivo las pruebas del circuito mundial. Para él, Pantín es un lugar especial dentro del campeonato. Además, «éste es mi año», dice, «porque me casé, voy a tener un hijo y una de mis fotos está en el cartel» de la prueba de este año. -¿Qué significa Pantín para alguien con visión global sobre el surf? -A nivel profesional, es el escaparate de la fotografía de surf en Galicia. -¿Y a nivel personal? -Vengo aquí para desconectar. Pantín es para mí como unas vacaciones. -Algo tendrá que ver su relación con Ferrol... -Hace 18 años que vine a hacer la mili y empecé a surfear. Un día me encontré en el agua con Vicente (Irisarri)... Ese fue el primer año que acudí al campeonato. -¿Y el salto a la fotografía? -Hago fotos desde los quince. En 1993 publiqué mi primera foto, que era de la ola de Pantín. Por eso le guardo un cariño muy especial. -¿Cómo consiguió su primer equipo profesional? -Fui ahorrando hasta que me hice con mi primera cámara. El equipo que ahora tengo desplegado en la playa ronda los cuatro millones de pesetas (24.000 euros), y la mitad es sólo del objetivo. -Impresiona tanto el precio como su tamaño... -El problema de esta fotografía es que el surf se practica lejos de la orilla, de ahí que utilicemos estos objetivos. No obstante, el mundo del surf no da para vivir de esto. -Sin embargo, ha fotografiado ya las playas de medio mundo. -Sí. Hice todo el circuito mundial durante cuatro años como freelance. -¿Y con qué lugar se podría comparar a Pantín? -Pantín tiene cosas que no se ven en ningún otro sitio. Es uno de los lugares con el ambiente más importante. Hay campeonatos en Europa que pueden tener más público, pero aquí vienen tanto gente mayor como jóvenes a ver las pruebas. -¿Echa algo en falta de los primeros años? -Precisamente, el ambiente. El Pantín Classic era la última prueba del torneo. Los surfistas venían en sus caravanas y era todo una fiesta. Además, los competidores aprovechaban para vender su material. Ahora es todo más aséptico y profesional. Los surfistas llegan, se meten en el agua, salen y se van hasta su siguiente ronda. -Por cierto, ¿niño o niña? -Niño, y va a ser un campeón del mundo de surf.