El pueblo que divierte al forastero

María Hermida
María Hermida PONTEDEUME

FERROL

En directo | La efervescencia estival de Pontedeume No importa la procedencia: en inglés, castellano o chino, los que llegan a la villa de los Andrade se las apañan para ensalzar el ambientazo que se encuentran

23 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

«¿Qué por qué venimos? Aquí hay ambiente. No es algo que te agobia, pero sí que te hace vibrar todo el verano». La que habla es Mari, una de las tropecientas madrileñas que a media mañana ocupa sitio en las ya abarrotadas terrazas de la Praza Real. Ella y su marido, que visitan la zona desde hace años, dicen que recorrieron «bastantes pueblos de España» buscando un lugar con ambiente. Lo encontraron en Pontedeume: «Aquí hay música, la gente sale a la calle, bebe... se divierte a tope todos los días». Sus palabras sólo son un adelanto de lo que vendrá después. Un batallón de franceses, ingleses y también malagueños dan cuenta, ante una poblada Praza do Conde, de que, precisamente, es esa vertiente festiva la que hace de la villa de los Andrade el lugar ideal para escapar del asfalto. Todos ellos insisten una y otra vez en las terrazas, la amabilidad de los hosteleros y la marcha hasta altas horas. Pero encuentran argumentos para defender la villa ante otros destinos turísticos de playa y chiringuito: «¿Dónde puedes tomarte unas cervezas en un sitio de calles antiguas, con estas plazas preciosas?», dice Erik, un inglés hijo de emigrantes coruñeses. «Igual en Santiago, pero claro, no tendrías la playa cerquita como pasa aquí», se contesta a sí mismo en un santiamén. Ante una mañana nublada, este grupo ha decidido irse de ruta turística. No tienen que mover el coche más de veinte kilómetros. En una concurrida oficina de información turística, les dan señas del castillo de los Andrade, del parque natural de As Fragas y del torreón. Se les ve felices con su nube de dípticos. La misma alegría llevan quienes, alrededor de la una de la tarde, abarrotan el viejo mercado de abastos de Pontedeume. En el recinto, el acento madrileño y andaluz que piden «lechugas de la huerta» se oye en más ocasiones que el gallego de los vendedores. Idéntica situación se da dos callejuelas más allá, en la única administración de lotería de Pontedeume. Aquí, pueden ofrecer uno de los datos que confirma que la villa seduce cada vez a más turistas: hay cola desde la hora de apertura a la de cierre y no dejan de despacharse billetes de Lotería Nacional de Navidad para quienes desean llevar la magia de la villa metida en la maleta. Así de ajetreada es la mañana, tarde y noche de Pontedeume. Lo cuentan los hosteleros. Las chicas que atienden en la oficina turística. Los políticos que se afanan en que la algarabía no sea sinónimo de quejas por falta de aparcamiento. Que las hay. Pero que no llegan a oírse demasiado porque, como dicen los turistas, «lo importante ahora es la fiesta».